lunes, 12 de marzo de 2012

UN AMANECER MAS ( EPILOGO )

video
                                          You Raise Up ( Tu Me Sostienes ) Secret Garden.


Consuelo cerro la puerta de la inmensa casona de sus padres tras los últimos invitados que se marchaban de allí. Un funerál gaelico tradicional siempre incluía una celebración con comida y bebida en honor al desaparecido. La frenética actividad de los últimos dos días no le había dejado tiempo para prácticamente nada, y había contratado el servicio de comida y bebida con una empresa de catering. Aunque alguno de los amigos y vecinos habían contribuido aportando alguna vianda preparada por ellos, como mandaba la tradición. Retiró los restos del festejo y los llevó a la cocina.


Se puso cómoda con ropa de estar por casa. A pesar de lo avanzado de la hora y del cansancio, no sentía la necesidad de irse a dormir. Había sido un día largo. Lee era católico, aunque no practicante. Eso no fue obstáculo para que la ceremonia religiosa se celebrase en la catedral de la Santísima Trinidad. Tras la solemnidad del oficio, el entierro en el cementerio de Glasvin, en el mausoleo familiar que acogía los restos de su madre, Elke, y de su tio Helmut. la noticia de la muerte de su padre, había corrido como la pólvora por dos continentes. Ella era consciente de la popularidad de Lee en Dublín, pero no tanto de la que tenia fuera de allí. Había llegado gente procedente de Inglaterra, bastantes, y algunos, desde los Estados Unidos. Gente a la que ella no conocía, y de los que no tenia siquiera referencias. Pero para ellos Lee había sido alguien importante en algún momento de sus vidas. Le había impresionado especialmente un anciano inglés, de aire distinguido que se desplazaba en una silla de ruedas, empujada por su hija, una mujer ya madura. Después de presentarse, el anciano caballero le explicó que había sido un antiguo compañero de ala en la RAF con Lee durante el principio de la guerra. Le contó, que Lee, en aquellos días, lo había rescatado tras caer en Francia detrás de las lineas enemigas. No había olvidado aquello a pesar de los años transcurridos, y quería rendirle sus últimos respetos. Ahora que lo pensaba, Lee apenas le había hablado nunca de la época de la guerra, ni de su campaña en Corea.


El entierro en el cementerio, había sido multitudinario. Una nutrida representación de la clase política y del mundo empresarial de Dublin estaba allí. Durante el acto, un par de Spitfires de la RAF, del mismo modelo que había pilotado su padre, posiblemente procedentes de Liverpool, habían realizado un par de pasadas a baja altura, con sus hélices silbantes sobre el camposanto. Era la manera de la fuerza aérea inglesa de despedir a uno de los suyos, uno de los "pocos", según Winston Churchill


A la comida en casa, solo habían asistido los mas íntimos. Amigos, vecinos con lo que mantenían buena relación, y algunos de los directivos de la Star Eire. Durante los últimos años, Lee, de acuerdo con ella, había traspasado la propiedad de la industria a un patronato, una fundación que invertiría los beneficios de la empresa en obra social y en  establecer una escuela de formación profesional para los estudiantes sin recursos del condado. Consuelo había heredado el suficiente dinero de sus padres y de su tio como para poder vivir cómodamente el resto de sus días. Aquella decisión a ella le pareció bien, tan solo se reservó un puesto en la junta rectora de la fundación,  para asegurarse de que el legado de su familia se usase adecuadamente. Aquella decisión, había levantado alguna polémica en el mundillo empresarial de Dublín, y algún exaltado, incluso había tachado a su padre de "comunista".


Le pareció gracioso, ¿ Lee "comunista" ?. Nada mas lejos de ello. Después de su estancia en Corea, Lee despotricaba contra cualquier cosa que oliese a comunismo. 


Cuando puso en marcha el proyecto de la fundación, le dijo a su hija que la raíz de todos los males que había conocido eran por ese orden : la ignorancia, la necesidad y la miseria. Y ella opinaba, que Lee tenia razón. Con aquella fundación, su padre tan solo quería devolverle a aquella tierra la riqueza que ella le había dado a cambio de su trabajo.


A pesar de no tener sueño, el cansancio y las emociones acumuladas del día, habían hecho mella en ella. Se dirigió a la cocina, y sacó de un aparador la botella de whiskey que Lee guardaba allí, y de la que de tarde en tarde, se servia un poco. No era amiga de la bebida, pero se sirvió una ración de licor, pensando que quizás contribuiría a relajarla  un poco. Bebió un sorbo y lo paladeó. Era bastante menos áspero de lo que ella esperaba, aunque en poco tiempo, notó el efecto cálido del alcohol en su estomago. Tenia que reconocer que su padre tenia buen gusto hasta en la bebida. Se dirigió al salón con el vaso en la mano.


En una de las estanterías de la pared, había algunas fotografías enmarcadas con delicados marcos de plata por su madre. En una de ellas, aparecían los dos el día de su boda en Nuremberg. Elke relucía bajo un elegante vestido de raso color marfil. Sonreía mirando a la cámara, con su rostro enmarcado en un cabello rubio muy corto. Un estilo de peinado que había conservado hasta el día de su muerte, y que había adoptado por comodidad en los primeros días de la posguerra. Llevaba entre las manos un ramo de crisantemos, y parecía sinceramente feliz. A su lado y de su brazo, su padre vistiendo el uniforme con los galones de mayor. En el pecho, un pasador mostraba las cintas de las múltiples condecoraciones. En su rostro, una leve sonrisa, pero en sus ojos, un fuego intenso mostraba toda su emoción.


En la otra, su padre aparecía en la cabina de un F-86 Sabre, bajo el luminoso sol de Corea. Estaba tomada al regreso del último combate. Era una de las primeras fotografías comerciales en color, con tonos algo chillones. El vestía el mono verdoso de vuelo, con el chaleco salvavidas amarillo encima, y la maraña de cinturones de seguridad. A su alrededor, relucía el aluminio pulido del fuselaje del avión. Bajo la cabina, los tatuajes de un pasado violento. Una multitud de cruces negras, y cuatro estrellas rojas pintadas. El, sonreía mirando a la cámara, con los ojos fruncidos por la dura luz del sol del mediodía. Parecía cansado. En aquella foto, su padre estaba en la plenitud de su vida. Había sido un hombre guapo, podría bien haberse interpretado a si mismo sin problemas en alguna producción de Hollywood.


Consuelo se sorprendió a si misma hablándole a aquella fotografía.


- Nunca me hablaste mucho de tu vida en las fuerzas aéreas. Estos días, he encontrado  en el ático el baúl con tus uniformes, tus recuerdos y tus diarios de guerra. Empecé a leerlos, ahora puedo entender muchas cosas que desconocía. Ahora entiendo tu expresión de cansancio, y porqué no te gustaba hablar de aquellos tiempos.


Tomó otro trago de licor, notando su calidez bajando por su garganta.


- ¿ Sabes ?, desde la muerte de mamá, había pensado en este día con temor. Nací y crecí protegida por las ramas de dos poderosos arboles, que erais tú y mamá. Y hasta hoy no he sido consciente de quien eras realmente. Tenia miedo de que llegase este día, y sentirme sola es esta inmensa casa. Pero no, esta noche no me siento sola. De alguna manera, me hablas. De alguna manera, sigues conmigo, y lo estarás siempre.


Hizo una pausa 


- Quizás, en unos años, a la gente de esta ciudad, tu recuerdo se les diluya en la memoria, y tan solo seas un nombre en una placa de bronce colocada en el vestíbulo de un edificio. Pero a través de mí, seguirás viviendo.


Apuró el licor, y dejó el vaso encima de la mesa. Abrió un escritorio del salón y sacó de él un dossier con tapas de la universidad. Se estiró en el sofá, y empezó a revisar aquella multitud de páginas.


Eran los resultados de un experimento acabado en los laboratorios un par de semanas atrás. La hospitalización de Lee no le había dejado tiempo de examinarlos con atención y en profundidad. 


Había sucedido algo extraño en aquel test con ratones de laboratorio. Se les había inducido un tumor a dos grupos de animales. A uno de los grupos, se le administró un fármaco experimental, y al otro, se le mantuvo como grupo de control, sin tratamiento. En uno de los ratones del grupo de control, el tumor se había estabilizado y había entrado en regresión espontáneamente, sin ningún tratamiento.


Consuelo contemplaba el alud de datos de analítica y genéticos de aquél animal en aquellas hojas. Allí, escondido en algún lugar, había algo que posiblemente era la clave de aquel pequeño y extraño milagro. Lo encontraría, tardase el tiempo que tardase, pero lo encontraría.


Se quedó dormida en el sofá




                                                                          Fin



3 comentarios:

  1. Estos días estuve bastante ocupada, de modo que no leí aún amanecer -solo el primer capítulo-. Ahora que ya está completo intentaré buscar un hueco para leerlo.
    El hecho de que haya surgido suena muy bien ;)
    Saludos

    ResponderEliminar
  2. La verdad que muy bueno!!!! Un amanecer más" nos has dejado con la intriga hasta el final. Un poco previsible por cierto, pero muy bueno sí señor!!

    Un beso y feliz semana J.

    ResponderEliminar
  3. Solo te diré una cosa. ME HAS HECHO LLORAR.

    Cuando lloro al leer es que lo que estoy leyendo me transmite tanto que acabo adentrándome en los mismos personajes.
    "- Quizás, en unos años, a la gente de esta ciudad, tu recuerdo se les diluya en la memoria, y tan solo seas un nombre en una placa de bronce colocada en el vestíbulo de un edificio. Pero a través de mí, seguirás viviendo."

    Me quedo con eso amigo Rodericus, y tú sabes bien el motivo.

    Gracias por emocionarme con esta historia.

    Abrazos gigantescos.

    Rebeca.

    ResponderEliminar

Si has leído mis desvaríos y tienes algo que aportar, hazlo aquí.