domingo, 17 de junio de 2018

VICIOS PEQUEÑOS ( XV )


He acabado el trabajo de modelismo, un diorama que he titulado "Normandia, mas allá de las playas", donde he representado un combate callejero en alguna población normanda entre una patrulla de la 101 división aerotransportada USA y una unidad de granaderos "Waffen SS" estacionada en la zona.

Ruinas, tres figuras y un pequeño vehículo anfibio. Listo para la vitrina, y para llevar a algún concurso.

Os dejo con las fotografías.












lunes, 11 de junio de 2018

EL DISCURSO DEL PRESIDENTE ( RELATO VI )





Ya era noche cerrada cuando Ernesto entró en la calle de la urbanización de Sant Cugat donde vivía. A pesar de las prisas, se había duchado tal y como Nuria le habia recomendado. Eso, y un poco de la colonia que usaba habitualmente habían eliminado los efluvios de la tarde de sexo intensivo que había disfrutado.  

Tenia un frasco de su marca en el tocador de Nuria.  Quizás el perfumarse con ella  le ayudaba a mitigar el atisbo de mala conciencia que sentía después de aquellos encuentros. Una vez saciada su ansiedad carnal, siempre  sentía aquél malestar triste y especial, aquella leve vocecita muda pero incansable, que le decía que estaba jugando con los sentimientos  de dos mujeres muy diferentes. Y que era un juego perverso y egoista

Los faros del Mercedes iluminaron el coche camuflado de la Policía Nacional, donde una pareja de agentes ejercían un control discreto de la zona. También ellos formaban parte de la seguridad que aparejaba su cargo.

Accionó el mando a distancia del mecanismo que abría la puerta del acceso de vehículos de la casa.

Victória estaba sentada al pié del olivo centenario del jardín.  Hacia un par de horas que había regresado del gimnasio. Consumió en la cocina una ligera merienda-cena, y ahora disfrutaba allí sentada, vestida con un sencillo chándal, del aire del anochecer cargado de aroma de jazmín mientras tomaba un refresco y escuchaba algo de música en un pequeño reproductor. 
Adoraba ese momento en que el cielo viraba los tonos rojizos del atardecer hacia aquél violeta profundo justo antes de la noche.

Vicky, la única hija de ambos, tenia la costumbre de empalmar su jornada laboral en Barcelona con alguna cena y copeo posterior casi todos los viernes, y Ernesto tenia unos horarios imprevisibles, sobre todo en los últimos tiempos, así que había cenado sola. 
Bueno, sola del todo, no. 
En compañía de "Mirmidón" su bull-terrier de color blanco, un perro cariñoso y follonero, que la había "ayudado" a liquidar una buena ración de pechuga de pavo cocida.

La idea de traer a casa a Mirmidón fué cosa de Ernesto. Victoria nunca había sido partidaria de tener animales en casa, y al principio se resistió a adoptarlo. Aunque en el fondo reconocía que Ernesto tenia razón en que el animál les daría una cierta tranquilidad ante alguna intrusión en la casa. A pesar de sus reticencias, cedió.

De eso hacia tres años, y aquel cachorro torpe y desgarbado, pero cariñoso y fiel se había ganado el corazón de Victoria, y se había convertido en su mejor amigo. Victoria y Mirmidón corriendo por las calles de la urbanización se habían convertido ya en parte del paisaje cotidiano.

Lo del nombre del animál había sido cosa de Vicky. Ernesto, en un ataque de megalomanía quiso bautizarlo como Aquiles.  Vicky se horrorizó, aquello seria una falta de respeto tremenda hacia el legendario guerrero aqueo, y propuso una solución de compromiso :  llamarle Mirmidón, como los temibles amiguetes de Aquiles.  Ernesto no pudo reparos, le parecía un buen nombre para un perro feroz, como los primeros infantes de marina de la historia.

Pero la verdad, es que Mirmidón era cualquier cosa menos un perro feroz y agresivo. Aunque eso si,  tenia un potente ladrido, y una magnífica planta.

Los faros del Mercedes iluminaron la puerta automática de acceso para coches, y Ernesto accionó el mando a distancia. "Mirmidón" empezó a ladrar nerviosamente, no reconocia aquél vehículo. Victoria tampoco identificaba aquél vehículo plateado, y pensó que a Ernesto le habían cambiado le coche oficial por otro nuevo.

El coche extraño superó la puerta automática ya abierta, y se detuvo en el carril del garaje. El suave ronroneo del motor se detuvo con un leve siseo, y Ernesto descendió del coche.

-- Buenas noches Victoria, ¿ que te parece el nuevo coche que nos hemos comprado ?.--

Victoria le miraba atónita.

-- ¿ Que quieres decir con eso de que "nos" hemos comprado ?. ¿ Que ha sido del "Audi" ?.--
-- No te he dicho nada, porque quería que fuese una sorpresa. El "Audi" lo he entregado a cuenta de este "Mercedes" nuevo.

Victoria miraba de hito en hito a Ernesto y al coche en silencio. El perro olisqueaba el vehículo nuevo e hizo amago de levantar la pata y orinar uno de los neumáticos. Ernesto le lanzó al chucho un leve puntapié en el trasero para evitar la indeseada travesura.

-- ¿ No te gusta, amor mio ?.-- La mujer mantuvo la mirada fija en el coche, aún en un silencio pensativo.

Miraba las lineas redondeadas y el frontal deportivo, casi agresivo. La puerta abierta del conductor le dejaba entrever el interior de cuero iluminado por la lampara del techo, olía a cuero y a vehiculo nuevo

-- Bueno, no. . . . o sí.. . . , me gusta, es bonito, desde luego, ¿ pero realmente era necesario comprar algo tan ostentoso ?.--

-- ¡¡ Nos lo merecemos, Victoria !!, podemos pagarlo, de hecho ya está pagado, y solo viviremos una vez.  Ven, sube, te lo enseñaré por dentro antes de meterlo en el garaje.

Mientras Ernesto le enseñaba el funcionamiento de aquél monstruo,  Victoria apenas le prestaba atención. 

Ya se sentía demasiado presionada por la exposición púbica que implicaba el cargo de su marido. Se sentía incomoda cuando eran reconocidos en sus salidas por Barcelona, y el antiguo "Audi" les confería algo de anonimato en los desplazamientos, era un coche de gama alta, pero relativamente anodino y anónimo. 

Definitivamente aquél cambio no le gustaba.

"Mirmidón" aprovecho la falta de atención para orinarse en aquél neumático del que se había encaprichado. Una vez que acabó, correteó alegremente por el jardín para celebrar su "triunfo".

Ernesto encerró el coche en el garaje, y regresó al jardín junto a Victoria y al perro. "Mirmidón" olisqueó con insistencia los pantalones de su amo.

-- ¿ Que le pasa hoy a este perro ?.--

El animál continuó con su insistente olisqueo, que fué ascendiendo por el pantalón hasta la entrepierna, donde clavó la nariz, olisqueando aún mas ruidosamente.

Victoria soltó el inicio de una carcajada.

-- ¡¡ Vaya !!, un "machito" en celo, identificando a otro "machito".--

Ernesto vió que la sonrisa de Victoria había pasado a ser un rictus en sus labios, y apartó bruscamente al perro. El no sonreía.

-- ¡¡ Dios mio !!, a veces creo que tiene algo de bruja.--, pensó para si mismo.

( Continuará )










domingo, 27 de mayo de 2018

EL DISCURSO DEL PRESIDENTE ( RELATO V )


Cuando el Mercedes de Ernesto entro en aquella calle recoleta del Putxet, Nuria ya le estaba esperando en la puerta del edificio donde vivía,  y donde el pasaba aquellas horas inexistentes en su agenda.

Hasta que el coche se detuvo a su altura, ella no reconoció a su amante sentado dentro de él.  Una expresión de infinita sorpresa se mezcló con una amplia sonrisa en su rostro. Cuando Ernesto le había llamado, estaba practicando deporte correteando por las calles del barrio, ataviada con ropa elástica de deporte que realzaban un cuerpo elástico y muy femenino a la vez. El puesto de trabajo como asesora en el Puerto Autónomo que Ernesto le había conseguido le dejaba las tardes libres, y el tiempo libre le permitía practicar largas carreras atléticas por las empinadas calles del barrio.

-- ¡¡ Ernesto !!, no me digas que. . . . 
-- Si, lo acabo de sacar del concesionario hace diez minutos, y no podía esperar a enseñartelo, cariño. Sube.

Ella abrió la puerta del acompañante, y entró en el vehículo. Una agradable mezcla de olores, en la que predominaba el olor a cuero nuevo invadió sus fosas nasales.

Contempló los detalles el interior, aquél tablero de instrumentación que parecía el de una nave espacial, el tacto del cuero, la sensación envolvente y cómoda de aquél asiento, el suave y casi inaudible ronroneo del motor al ralentí, la lúz tamizada por los vidrios tintados. Todo allí dentro era lujo, comodidad, serenidad y sensación de poder.

-- Tiene. . . tiene que haberte costado una "pasta".-- La excitación que ella sentía le provocó un leve tartamudeo.

-- Pues sí, es verdad. Una cifra casi indecente.

-- ¿ Y que potencia tiene. . . . ?.

-- Eso si que es absolutamente indecente, cariño mio.

Mientras Ernesto le explicaba algunas de las características de su nuevo juguete, observaba la expresión arrobada,de Nuria, y en aquella chispa de lúz que había en sus bellos ojos verdes. Supo que podria saciar la sed que sentía de su cuerpo.

-- Mañana o el domingo podremos estrenarlo dando una vuelta por ahí. ¿ Que te parece si lo encierro en el parking y pasamos un rato juntos en tu casa ?, aun es temprano.

Entraron en el aparcamiento de la finca, donde Nuria retiró su motocicleta de su plaza para hacer sitio al coche de Ernesto. Subieron hasta el ático en el ascensor.

Entraron en el piso de ella. Allí estaban los dos, en su pequeño paraíso, en su oasis,  a salvo de cámaras y miradas indiscretas. Nada mas cerrar la puerta tras ella, Nuria le pasó los brazos sobre sus hombros, y le besó levemente en los lábios.

-- Voy a ducharme, ponte cómodo mientras tanto.-- El la retuvo entre sus brazos, y la estrechó contra su cuerpo mientras le devolvía el beso de una forma ansiosa, excitada y salvaje.

-- Ni se te ocurra ducharte ahora, vida mía. Quiero saborear tu cuerpo así tal como está ahora. Quiero empaparme de tu esencia auténtica, sin olor ajeno a gel de baño.

Ella no dijo nada, y se apretó aún mas contra el cuerpo de Ernesto, devolviendo un beso mas apasionado aún, al tiempo que acariciaba por encima de los pantalones el abultamiento de la entrepierna de Ernesto.

El trayecto hasta el dormitorio de Nuria quedó marcado por la ropa de ambos tirada por el suelo. 

Ya en la amplia cama, Ernesto se deshizo con un manotazo de su ropa interior. Había jugado con ventaja, bajo la ropa deportiva y ajustada de Nuria tan solo había un leve "tanga" que había quedado abandonado en la puerta.  La lúz del sol poniente quedaba tamizada por la persiana y las cortinas de la ventana, dejando una semipenumbra amable en el dormitorio.

Notó en ella una excitación mas fuerte de lo habitual, y Ernesto se propuso hacer durar todo lo posible aquella sesión de placer. Empezó besandola y acariciandola lentamente, de una manera leve y medida, recreándose en todos los rincones de aquel cuerpo glorioso, y provocando espasmos de temblores en ella, llevándola hasta el límite de su sensibilidad, y aflojando lo suficiente como para no cruzarlo.

Después de un tiempo indeterminado en que ella se había limitado a responder con suavidad a sus caricias, Nuria revolvió su cuerpo atlético en la cama al modo de una pantera, y volteó a Ernesto debajo suyo. Apoyó las palmas de su manos en los hombros de él y rodeó su pelvis con el bajo vientre. Con un leve movimiento de cintura, y mientras le miraba directamente a los ojos, lenta y suavemente se empaló en el sexo de Ernesto. Mientras Nuria movía lentamente las caderas atrás y adelante, el creyó que entraba en el paraíso.

Cuando Ernesto emergió del sopor "post-coitum", no habría sabido decir cuanto tiempo había transcurrido. Solo que la penumbra había aumentado en la habitación, y las ultimas luces naturales filtradas por la persiana, creaban un mosaico de fuego en la espalda desnuda de Nuria. Apretó su cara contra ella, aspirando aquél dulce aroma de hembra excitada y saciada, mientras acariciaba sus pechos, provocando un reflejo de placer en la muchacha.

-- ¿ Te sientes bien cariño?-- Ella le respondió con un ronroneo gatuno que Ernesto interpretó como un "como nunca".

-- Tengo que marcharme vida mía, es tardísimo. Mañana te llamo y hacemos planes, de acuerdo ?.

-- Dúchate antes de irte cariño, hueles a mi coño, y no vaya a ser que tu mujer lo perciba. Las mujeres tenemos un olfato mas desarrollado que vosotros para estas cosas.

domingo, 20 de mayo de 2018

EL DISCURSO DEL PRESIDENTE ( RELATO IV )



Artúr Vila colgó el teléfono de su despacho y se puso la chaqueta mientras franqueaba la puerta del cubículo. Le acababan de avisar que el ministro se había personado en el concesionario para recoger su nuevo coche.

Estrechó la mano de Ernesto con la mejor de sus sonrisas, y le guió por las dependencias hacia la zona de talleres. Allí, junto a la salida estaba el nuevo juguete gris de Ernesto. Un mecánico estaba pasando una gamuza sobre la piel metalizada en gris oscuro de aquel monstruo.

Sentados dentro del coche, Artúr iba indicando al cliente la configuración básica del coche, como ajustar la posición de los asientos, los espejos retrovisores, la disposición de los indicadores en el tablero y la disposición del cambio de velocidades.

Cuando Artúr iba a extender sus explicaciones al sistema electrónico de sonido, navegación y "manos libres", Ernesto cortó el monologo del jefe de ventas de una manera algo abrupta.

-- Discúlpeme, pero tengo algo de prisa. Ya me pondré al dia con el manual de usuario. Tan solo explíqueme como conectar el móvil al sistema de manos libres.

Artúr le guió en el proceso de sincronización, hasta que el sistema informático del coche reconoció al telefóno móvil del ministro y se enlazó con él.  No exteriorizó haber percibido la descortesía del ministro

-- Bien, no queda nada más, señor Fernández, le deseo que disfrute de su nuevo automóvil. Siga los intervalos de las revisiones indicados, y para cualquier asunto, ya sabe que estamos a su disposición.

Desde la puerta del taller, Arturo y el mecánico observaron como el coche se incorporaba al tráfico intenso de la calle Urgell.

-- ¡¡ Vaya un tipo arrogante !!.-- El mecánico no había podido evitar escuchar la conversación mientras repasaba la carrocería con el abrillantador.

-- No mucho más que la mayoria de los que tenemos, Luís. Y para ir bién, necesitamos media docena mas como ese cada més.

Ernesto aprovechó la pausa de un semáforo para llamar a Núria Méndez a su número de teléfono móvil. 
Tenia el número indexado como "Méndez" en la agenda de su teléfono móvil. 
Una precaución de seguridad doméstica, igual que la de borrar su  número del registro de llamadas al terminar sus conversaciones. Exactamente igual que los mensajes que intercambiaban media docena de veces al dia.
Victoria nunca había dado señales de fisgonear en su teléfono, pero todas la precauciones siempre eran pocas. 
En sus largos años en política, había aprendido que la información era una herramienta muy útil y peligrosa. Y ya por costumbre, nunca dejaba cabos sueltos, por inocentes que aparentasen ser.

-- Buenas tardes cariño, . . . .si,  ya estoy de vuelta en Barcelona. ¿ Donde estás ahora ?. . . . bién, pues espérame en la puerta de casa dentro de diez minutos, tengo algo nuevo que enseñarte. . . . Y que podriamos celebrar juntos, si no tienes nada que hacer esta tarde. . . .Si, he conseguido librarme de esos "plastas" de mi escolta por hoy. . . .No, Victoria no sabe que ya he llegado. . . .   Otro beso para tí, hasta ahora.

( continuará )









martes, 8 de mayo de 2018

EL DISCURSO DEL PRESIDENTE ( RELATO III )


Ernesto descendió de coche oficial a la puerta del concesionario, al mismo tiempo que sus escoltas.

-- Chicos, no es necesario que  me acompañéis. Podéis tomaros la tarde libre. En cuanto saque el coche del garaje, pondré rumbo a casa. Y no pienso moverme de allí en lo que queda del dia.

Higinio Valverde, suboficial de la Guardia Civil y jefe de la escolta personal del ministro carraspeó para aclararse la voz y replicar la orden de su jefe.

-- Disculpe señor Fernández, pero. . . . 

-- No me discuta, Valverde, es una orden. ¿ No vé que en este local no hay peligrosos anarquistas ni tampoco un piquete de los Comités de Defensa de la República  ?. . . .No se me ocurre un lugar mas tranquilo en toda Barcelona.

Valverde se irguió instintivamente en posición de firmes, y con una mirada envió al otro agente de la escolta  la orden de embarcar en el coche oficial.

-- Bién, le esperaremos aquí y le escoltaremos hasta su casa.
-- ¡¡ No !!, les he dicho que se vayan, tomense el resto del dia libre, vayan por ahí a tomarse unas tapas y unas cervezas, ¡¡ por Dios Valverde, relájese y déjenme en paz una cuantas horas !!.

Valverde permaneció unos segundos en silencio, sosteniendo impasible la mirada del ministro.

-- Muy bién, de acuerdo señor Fernandez, Victor y yo nos tomaremos algún pincho de tortilla a la salud de su nuevo Mercedes.

Valverde se subió al coche oficial rezongando para sus adentros. Cuando le asignaron la escolta de Fernández,  supo que iba a tener un trabajo mas complicado de lo habitual en otras ocasiones. Aquél nuevo ministro del Interior apenas superaba los cincuenta años de edad, al contrario que sus antecesores, casi todos bien entrados en la sesentena y de rutinas mas reposadas y caseras. Ademas, había insistido en mantener su residencia en Barcelona. Bien, quién se había negado en redondo a trasladarse a Madrid había sido la esposa del ministro, Victoria, provocando que su esposo viajase a Madrid de lunes a viernes, y volviese los fines de semana a la mansión de Sant Cugat del Vallès. 

Lo que Valverde ignoraba, era que la relación de Ernesto Fernández-Martí con su esposa Victoria no pasaba por buenos momentos tras treinta años de matrimonio. Y por eso Ernesto prefirió respetar el deseo de Victoria de seguir viviendo en Barcelona para evitar males mayores. 

Los divorcios seguían siendo desagradables a los ojos de la cúpula del partido, denotaban inestabilidad emocional, y divorciarse de Victoria podía afectar a su carrera política. Y Ernesto era alguien ambicioso, muy ambicioso.

Además, existía otra razón para que Ernesto siguiera residiendo en Barcelona, y que Valverde tardó muy poco en descubrir : se llamaba Núria, era una treintañera morena y muy atractiva, que residía en un duplex muy acogedor del exclusivo barrio barcelonés del Putxet.  Un ático cuyo alquiler corría a cargo de Ernesto.

-- Bién, a donde les llevo.

La voz del chófer sacó de sus cavilaciones a Valverde. Miró a Victor, el otro escolta.

-- Victor, tenemos la tarde y la noche libres, ¿ hacen unas cervezas en la taberna vasca ?.-- Ante el asentimiento silencioso de Victor, Valverde le respondió al chofer :

-- Déjanos en la calle Casanova, y llévate este trasto al garaje.


( continuará )







martes, 1 de mayo de 2018

VICIOS PEQUEÑOS ( XIV )

Otra entrega  de mis trabajos de modelismo, esta vez es un curioso vehículo anfibio, 
un "Schwimmwagen" o modelo "166", una modificación del conocido "Escarabajo" Volkswagen adaptado a las necesidades del ejército alemán en la segunda guerra mundial.





Partiendo de esto ....


.... después de unas cuantas horas de minucioso montaje y pintura....






... he conseguido llegar a "esto".

Para realizar estos modelos, suelo hacer una investigación bastante exhaustiva buscando fotografías de la época que me den ideas en cuanto al aspecto y el acabado de estos vehículos, aviones, o cualquier cosa que tenga entre manos.

Y  uno descubre a veces en estas búsquedas pequeñas historias fascinantes, como la siguiente fotografía



Un viejo "schwimmwagen" dedicado a un fin mas noble que su cometido original :
prestar servicio a los bomberos de Venecia para alcanzar incendios en zonas de la ciudad rodeadas por los canales.

Supongo que debió ser una unidad abandonada por los alemanes en su retirada de Italia, y que después de décadas de olvido, alguien decidió restaurar para dedicarlo a un trabajo realmente útil.

Como dice un refrán italiano : "Un bello final, toda una vida honra".



domingo, 29 de abril de 2018

EL DISCURSO DEL PRESIDENTE ( RELATO II )



Eran poco mas de las nueve de la mañana cuando el camión de transporte empezó la descarga de los vehículos recién llegados al concesionario ubicado en el ensanche barcelonés, en una manzana con forma de cuña entre dos populosas avenidas.

Artur Vila, el jefe de ventas recibió la remesa  de documentación del envio de manos de uno de los mecánicos encargados de la limpieza y puesta a punto para las entregas. Revisó la media docena de carpetas, y encontró la que estaba buscando. Una correspondiente a un modelo CLS 500 extra premium gris oscuro de 408 caballos.  Repartió el resto de las carpetas entre los vendedores para que los clientes fuesen avisados de que ya podían pasar a recoger sus nuevos coches. Con la carpeta del 500 bajo el brazo, entró en su despacho, se sentó a la mesa y buscó una tarjeta en uno de los cajones del escritorio.

Marcó un numero escrito a mano en aquella tarjeta, el prefijo correspondía a Madrid.

-- Buenos dias, querria hablar con la señorita Elsa  Roca, por favor... si, soy Artur Vila, de Automóviles Fulánez, de Barcelona. Bien, espero....

Elsa Roca, la secretaria personal del ministro descolgó el teléfono en su despacho del ministerio del interior.

-- ¿ Quién dice que es ?... ¡¡ Ah!!, si, páseme la llamada, por favor....
-- ¿ Señorita Roca ?, buenos dias, soy Artur Vila, director comercial de Automóviles Fulanez. El motivo de mi llamada es comunicarle que ya tenemos en el concesionario el nuevo automóvil del señor Fernández-Martí. Puede pasar a recogerlo en el momento que crea conveniente.
-- Gracias señor Vila, yo le paso nota inmediatamente al señor Fernández, y el se pondrá en contacto con usted para ultimar cuando pasará a recogerlo.  Buenos dias.

Elsa colgó el aparato, y sacó su teléfono móvil del primer cajón del escritorio. Ernesto mantenía una reunión con altos mandos de la Guardia Civil en su despacho, y había dado instrucciones claras de que no se les interrumpiese por ningún motivo. Después de tantos años de trato con Ernesto, Elsa no tenia muy claro si aquella era una reunión de trabajo formal por alguna cuestión importante, o bién que Ernesto había montado una sesión de confraternización regada con güisqui reserva con los uniformados, esas a las que su jefe recurría de vez en cuando para "engrasar" sus buenas relaciones con sus subordinados.

A pesar de que podía hacerlo, decidió no irrumpir en el despacho. La última vez que interrumpió una de esas reuniones con reserva de doce años, había notado una cierta incomodidad de los reunidos al ser sorprendidos por ella con los vasos sobre la mesa de reuniones.

Abrió la aplicación de mensajería, y seleccionó el número privado de Ernesto. 

"Ha llamado el señor Vila de 
Automóviles Fulánez, de Barcelona,
ya tienen allí tu nuevo "juguete",
puedes pasar a recogerlo cuando quieras".

Elsa recibió sorprendida la respuesta a su mensaje apenas dos minutos después a través de la linea interna :

-- Elsa, cariño, gracias por el aviso. Por favor, reservame plaza en el AVE para Barcelona de las doce y treinta de mañana.

Elsa realizó un par de llamadas, en la primera reservaba tres plazas de primera clase en el tren de alta velocidad del dia siguiente. Nunca había problemas, los de ADIF siempre tenían un puñado de plazas de cortesía reservadas para los miembros del gobierno. La segunda fué para avisar a la seguridad interna del ministerio del cambio de planes del ministro, había que enviar un par de escoltas con su jefe para garantizarle un viaje tranquilo de vuelta a casa, y que el coche oficial recogiese al trío en la estación de Barcelona.

Había notado una cierta excitación en el tono de voz de su jefe, y además había utilizado el término "cariño" para dirigirse a ella, a pesar de que sabia perfectamente que a ella le desagradaba aquella familiaridad. Había sentido algo de desasosiego al oírle dirigirse a ella con aquél calificativo. La vieja pesadilla había lanzado un destello desde el pasado, desde la trastienda de su alma.

Echó mano del espejo que guardaba en el cajón del escritorio, y se miró en el reflejo. Bajo los rasgos de una esplendida mujer madura, seguía viviendo aquella jovencita angustiada. Tras unos instantes, se repasó el carmín de sus lábios con el lápiz pintalabios. Había convertido aquél gesto en algo terapéutico cuando se sentía desasosegada, o algo le preocupaba.

Guardó el espejo y la barra de carmín. Y refunfuñó en voz alta para si misma :

-- No tiene remedio, sigue siendo un puto crio.

( Continuará )