lunes, 20 de febrero de 2012

UN AMANECER MAS ( I )


Lee Anderson despertó de madrugada en su habitación del hospital universitario Saint Vicent de Dublín. Se sentía extremadamente débil. Escuchaba un leve siseo. Levantó una mano hacia su rostro y palpó la mascarilla de oxigeno que cubría su cara. Debía llevar tiempo inconsciente. Recordaba haber ingresado allí. Recordaba los primeros días con innumerables reconocimientos médicos, pruebas y análisis, pero no recordaba que en ningún momento le hubiesen colocado aquella mascara de oxígeno. Noto una ligera molestia en su pene al moverse en el lecho. Palpó debajo de las sabanas y el camisón hospitalario. Tocó un tubo plástico que se introducia dentro de su miembro. Le habían colocado una sonda urinaria . El anciano se asustó momentáneamente.


- Debo de estar bastante jodido. Pero a tu edad, ¿ que demonios quieres, Lee.- Se dijo a si mismo.


Miró hacia el frente. A los pies de su cama, al otro lado de la habitación, Consuelo, su hija, dormía apaciblemente en un sillón. Contemplaba la belleza serena que transmitía el rostro de su hija,  perdida en sus sueños. Consuelo, nunca una persona había llevado un nombre tan adecuado. Realmente, ella había sido el consuelo de él y de Ilse, su esposa. Apareció en sus vidas justo después de la trágica desaparición de Michael, su llorado hijo mayor, en la tragedia del USS Liberty. Los dos se aferraron a la vida  a través de aquella pequeña morena y de ojos azules con escasos meses de vida, que las circunstancias trágicas del destino, habían puesto en sus brazos.


No llevaba puesto el reloj de pulsera, y no tenia ninguna manera de averiguar que hora era. Pero debía de ser cerca de la madrugada, a juzgar por la oscuridad del cielo en el exterior de la ventana de la habitación. Aquella noche, el cielo estaba despejado. No sabia en que fecha vivía exactamente, pero había ingresado en el hospital a primeros de Junio. Se estaba perdiendo encerrado allí la mejor estación del año en Irlanda.


Mientras pensaba en todo aquello, notó que le costaba algo menos moverse, tenia la impresión de estar recuperando algo sus escasas fuerzas. Notaba la garganta reseca, quizás un efecto del oxígeno medicinal. Se volvió hacia la mesilla, buscando si allí había un vaso con agua. Se sorprendió al ver una mano femenina que le extendía uno. Otra mano, desplazaba la mascarilla de su cara. Levantó la vista, buscando a una enfermera que quizás hubiese adivinado sus intenciones, y en la que posiblemente no había reparado al despertarse. Pero se encontró con una mujer joven, vestida con un elegante vestido de calle. La muchacha le habló con una voz suave y en tono bajo, pero perfectamente clara.


- Buenas noches, Jaime.


El anciano sonrió, y sus ojos se iluminaron al escucharla decir su nombre autentico, aquél que no escuchaba a nadie nombrar desde hacia varias decadas .


- Buenas noches Nuria. Estas preciosa, exactamente igual que la ultima vez que nos vimos aquella noche, cuando nos despedimos a la puerta de tu casa, en Barcelona.
- Era la manera de lograr que me reconocieses, el mismo peinado, el mismo vestido que aquella ultima noche de tu permiso en Barcelona.
- Nuria, tengo leucemia, pero no el mal de Alzheimer, gracias a Dios. Te habría reconocido de cualquier manera. Mis recuerdos, siguen siendo lúcidos y cristalinos. Recuerdo muy  bien aquella última noche juntos. Me aferré al recuerdo de ella durante mucho tiempo.
- Lo sé muy bien, Jaime. Se por todo lo que pasaste después de aquél desgraciado día.
- Los malditos italianos, la fuerza aérea de Mussolini y sus bombarderos. Y  los desgraciados de la Maestranza de Artillería. ¿ Pero a quién se le ocurre enviar un camión cargado de trilita a atravesar la ciudad existiendo el riesgo de un bombardeo ?.
- No puedes cambiar el pasado con tus reniegos Jaime, no puedes hacer nada. En aquél momento, yo estaba muy cerca de la explosión. No sentí nada, ni siquiera el estruendo.
- Tu perdiste la vida allí aquél día, y yo, perdí también la vida de otra manera, perdí mi futuro. Aquél día, empezó a cambiar todo para mí. Siempre he pensado en lo que habría sido de mí si no hubiese sucedido aquello, si no hubieses muerto.
- Nunca lo sabremos. Pero mírate ahora. Tienes ochenta años, y has tenido una vida plena y larga.


Ella le miraba con una leve sonrisa. Sus ojos de color esmeralda, parecían sonreír también.


- Una vida que no me correspondía a mí. La vida de otro, la vida de un muerto al que cubre el fango de un fondo marino en España.
- ¿ Porqué lo hiciste Jaime, porqué te metiste en la piel de otro hombre ?.


Jaime-Lee hizo una pausa en la conversación. Buscaba retroceder hasta aquellos últimos idas de la guerra civil española, buscaba reinterpretar otra vez sus sentimientos, y la vorágine de los acontecimientos. La miró otra vez detenidamente. Casi creía oler aquel perfume suave de jazmines que ella había usado aquella noche en que se despidieron para siempre.


- El autentico Lee Dewayne Anderson, ese era su nombre completo, llegó a España como piloto mercenario en la escuadrilla "Malraux". Cuando esta fue disuelta, ingresó en las fuerzas aéreas de la República, como un piloto más y sin el sueldo privilegiado de los mercenarios. Le gustaba dárselas de duro, pero era un buen tipo. Teníamos una edad parecida. El había aprendido a volar muy joven. Uno de sus tíos, había sido piloto de caza durante la primera guerra mundial, y a su regreso a América, fue uno de los pioneros en el transporte de correo por vía aérea. Enseñó a  Lee a pilotar aviones con catorce años. No dominaba demasiado bien el castellano, y yo era uno de los pocos que hablaba inglés de una manera razonable en la tercera escuadrilla. Nos estábamos retirando hacia la frontera de Francia empujados por el avance de los franquistas. Fue derribado y cayó mar adentro, tras las lineas enemigas unos días antes de nuestra retirada definitiva a Francia. Aunque no era mi función, guardé su documentación para hacerla llegar al consulado norteamericano mas cercano.


Jaime-Lee hizo una pausa. Notó la mano de Nuria, cálida, sujetando la suya.


- Para ser un fantasma, tienes un tacto muy cálido.
- No seas idiota.- Dijo ella soltando una risita.- No se que concepto tienes de los espíritus, pero podemos ser lo que tu quieras ver o notar. ¿ Estarías mas a gusto tocando una mano gélida con las tuyas ?.
- No Nuria, mucho mejor así, para manos frías y con tacto asqueroso, ya están las mías.- El contacto con ella, parecía transmitirle vitalidad.


Miró sus manos envolviendo la de ella. Se sorprendió. No eran las manos de un viejo octogenario. Ahora aparentaban ser la de un hombre bastante mas joven. Palpó su propio rostro, las arrugas habían desparecido y volvía a tener una piel tersa. Notó que se podía mover con facilidad, y se incorporó en la cama.


- ¿ Que demonios me has hecho ?.
- Vuelves a ser aquél joven guapo y vigoroso del que me enamoré. Es mi regalo, Jaime, en estos últimos momentos tuyos. Quiero que el escaso tiempo que te queda, vuelvas a sentirte bién.
- ¿ Se ha acabado todo para mí, ahora y aquí ?.


Ella le miró muy seria.


- Casi se ha terminado, Jaime. Por eso, estoy aquí.
- Bien, llevo toda mi vida esperando este momento, je.- Bromeó.


Se sentó en la cama. Notaba el frío suelo bajos sus píes. Alargó una mano hacia la válvula del oxigeno, y la cerro. El siseo desapareció. Sacó de sus venas la aguja del suero intravenoso, y cerró el grifo de la bolsa. Por ultimo, y con sumo cuidado, extrajo de su pene la sonda urinaria, notando el doloroso roce del tubo al salir de su interior.


- Esto está mejor, ya no necesito nada de todo esto, ¿ verdad ?. Me sentía como un animal de laboratorio, y quiero que me veas de una manera un poco digna, a pesar de este horroroso camisón.
- Estas muy guapo.- Dijo ella volviendo a soltar otra risilla.
- Gracias. ¿ Quieres saber porqué me convertí en Lee Anderson ?. Sencillamente porque no me quedaba nada que perder, y por miedo, Nuria, mucho miedo. Aquél ultimo día en España, despegamos de la pista de Vilajuiga para repeler un ataque al amanecer de los alemanes de la Legión Cóndor. Cuando aterricé después de los combates, recibimos la orden de volar a Francia con los I-16 Moscas supervivientes.  Habían arrasado el aeródromo.Ya no quedaba nada de utilidad en el campo. Despegué y crucé la frontera. El súbito ataque, nos había impedido llenar de combustible los depósitos, y andaba corto de gasolina. No conseguí encontrar un aeródromo, y decidí aterrizar en una carretera. En el ultimo momento, decidí estrellar el "Mosca" contra un muro cercano. Se decía que los franceses posiblemente devolverían los aparatos internados a los franquistas, y eso no me hacia ninguna gracia.
- Y casi te matas por destruir aquél avión.
- ¿ Lo sabes ?. Ahora que pienso, cuando salí del aparato destrozado, me pareció verte al otro lado de aquella carretera, mirándome.
- Y estuve allí un instante. Estuviste muy cerca de reunirte conmigo. Tenia que advertirte de que todavía no había llegado tu momento.
- Me desperté en un pequeño hospital. Los gendarmes que me recogieron y me llevaron hasta allí,  registraron el bolsillo equivocado. Me confundieron con Lee. Avisaron al cónsul americano en Marsella de que había un piloto norteamericano internado tras un accidente. Lee y yo guardábamos un cierto parecido físico, y la mala calidad de la fotografía de su pasaporte, hizo el resto. 




                                                            ( continuara )



6 comentarios:

  1. Rodericus, has conseguido engancharme, he comenzado a leer sin tiempo para ello y lo he encontrado al dejar de pensar en mirar el reloj.

    Un saludo!

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  2. Me tienes atrapada, no tardes.

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  3. Guauuu!! pensaba ir a la cama después de un largo día son casi la 1 de la madrugada pero no he podido dejar de leer, muy bueno, espero ansiosa, la continuación...

    Un beso querido amigo.
    Buenas noches y buenos dias!!

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  4. WoW! me paso lo mismo, me he quedado atrapada en este ameno relato.!

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  5. No se que decir.... Pero me ha gustado

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  6. Me gusta que hayas comenzado a escribir tus propios relatos. Cada persona tiene algo propio que aportar al mundo. Particularmente me gusta la cruzada que algunos han comenzado en Amazon.
    No estaría mal que terminaras siendo escritor ;)
    Saludos

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