lunes, 11 de febrero de 2019

DIARIO DE UN RELATOR ( I )



Prefacio redactado con posterioridad

Mi nombre es Julius P. Vikrandas, y soy catedrático de filología hispánica en la Universidad de Tartu, Estonia.

Escribo estas paginas para prologar a las notas que he tomado durante las interminables jornadas de negociación secreta, muy secreta entre el gobierno centrál español y el gobierno autonómico catalán, en las que he participado a título de : ¿ relator ?,  ¿notario?,  ¿testigo imparcial ?. . . . . 

Ni yo mismo tengo claro lo que he sido en todo este asunto, y que me ha provocado un agotamiento físico y mental extremo tras esas semanas disparatadas y surrealistas que ha durado mi , ¿ mediación ?, ¿ testimonio ?. . . .

De hecho, escribo estas lineas alojado en un balneario del mediodía francés, donde estoy recuperando las fuerzas y la salud perdidas en esos nefastos dias.

En mi nombramiento para esa función no me cabe la menor duda que hubo algunos factores de peso : domino perfectamente el castellano, soy de un país integrado en la Unión Europea, pero lo suficientemente distante de la influencia española, y además, está aquella maldita fotografía mía en los dias previos a la independencia de mi país en Agosto de 1.991, que me convirtió en un "héroe" muy a mi pesar.

Nunca fué mi voluntad el convertirme en un héroe, un icono de la independencia de Estonia, pero a veces, el azar te juega malas pasadas. Y voy a explicar lo que sucedió realmente aquel mediodía en Tallin.

Hacia un par de semanas que había terminado el curso lectivo en la universidad de Leningrado, culminando mi carrera universitaria. La noche anterior me había reunido con mi pandilla de amigos de los tiempos de mi enseñanza secundaria, y habíamos abusado del vodka ampliamente. Regresé a casa de mis padres sobre la seis de la mañana, y caí desplomado sobre mi cama. Y habría jurado que por entonces no habia ningún tanque ruso estacionado frente a la casa, aunque con la melopea que yo traía no se si yo lo habría visto a dos palmos de mí nariz.

A las nueve de la mañana fuí consciente de mi horrible dolor de cabeza, y del estruendo de unos motores diésel delante de la casa. Mi madre estaba histérica, por la presencia de aquellos tanques, y por el deplorable aspecto que tenia yo.

Así que como no había manera humana de dormir y descansar en aquella casa, me dí una ducha rápida, me vestí con la primera camiseta que encontré y unos tejanos, y decidí salir a tomar un café bien cargado en el bar de Vasily, que estaba al otro lado de la avenida, dejando a mi vociferante madre con la palabra en la boca.

Cuando salí a la calle, fuí consciente a pesar de mi resaca, de que se habia montado un buén follon mientras yo intentaba dormir.

A un lado, a cuatro o cinco metros de mi ventana, había seis tanques T-72 del Ejército Rojo con los motores diesel en marcha, desplegados en filas de a dos,  y con los jefes de cada carro emergiendo por las escotillas de las torretas luciendo sus cascos acolchados y sus uniformes negros. Al otro lado, cuarenta o cincuenta metros mas allá en la avenida, una barricada de neumáticos ardiendo cortaba la vía.

Eché un vistazo al otro lado de la calle. El bar de Vasily estaba abierto a pesar del jaleo, y si yo quería tomar aquél café reconfortante, no quedaba mas remedio que cruzar aquella "tierra de nadie".

Cuando cruzaba frente al segundo carro, su comandante me lanzo un improperio apenas inteligible sobre el ruido desde lo alto de la torre. No lo pensé, me giré hacia él y le brindé un hermoso corte de mangas.

Detrás de aquello, solo estaba la respuesta al insulto de aquél gilipollas, y la rabia de no haber podido descansar tranquilamente por culpa de todo aquél ruido de motores.

No fuí consciente de que a unas decenas de metros de allí, un fotógrafo de la agencia Magnum había inmortalizado mi "gesto" a través de un teleobjetivo de doscientos milímetros, y que al dia siguiente, la imagen de un joven melenudo vestido con una camiseta con el logo de los "Rollings" y haciéndole un corte de mangas a un tanque ruso iba a ser la fotografía de portada en los principales periódicos de Europa y de medio mundo.

La verdad es que a pesar de ser estonio, por entonces yo nunca había tenido lo que podríamos llamar "conciencia nacional estonia", ni yo ni mi familia.

Y nunca he explicado del todo la verdad sinceramente como ahora.

Pero la vorágine de aquellos dias, la rápida proclamación de independencia, la retirada de los rusos y el colapso de la Unión Soviética, hizo que aquella fotografía casual pasara a ser un ícono nacionalista.

Y yo, soy para los estonios todo un ejemplo de patriotismo, muy a mi pesar. Desde entonces, han contactado conmigo toda clase de movimientos nacionalistas, independentistas, separatistas y medio pensionistas, tratando de que "patrocine" con mi imagen y mi apoyo sus causas y sus banderas

Siempre me he negado a hacerlo, porque lo único que me ha interesado de verdad, es mi carrera y mi cátedra, mis clases y mis estudiantes. Y alguna estudiante

Hasta ahora. ¿ Y porqué ahora sí ?. Otra puta casualidad, que explicaré un poco mas adelante.


( continuará )


4 comentarios:

  1. Vaya vaya JULIUS, recuerdo aquella lucha que compartimos tu y yo años ha. Te acuerdas de mi, soy Thomas O'Lodejas de Estonia de Arriba, el pelirrojo de las gafas gruesas.

    Salud camarada.

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  2. Pues ya es tener mala suerte, Julius, ahora estás en tierra de nadie, porque los unos te piden que te posiciones para su causa, y los otros también.

    Tu, que eres libre para tomar decisiones, ya no lo eres, y ahora lo único que vas a ganar son enemigos, y de las dos partes además, porque debes saber que todos los nacionalismos, todos, al final te ponen un postulado en la cabeza, por no decir otra cosa, y ese es: o estás conmigo...o contra mi

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  3. Pues ya puedes andarte con cuidado, amigo Julius, porque te vas a encontrar con gente poco recomendable que lo único que sabe es arroparse con sus banderas mientras sus gobiernos respectivos se dedican a fechorías, nada patrióticas por cierto.
    ¡Suerte!

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  4. Sigue mi consejo, Julius P. Vikrandas: Intenta nacer en otra parte la próxima vez que lo hagas.

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