Lunes de Pascua. Último dia de las mini-vacaciones. Me levanto descaradamente tarde, sobre las nueve de la mañana para compensár pasados y futuros madrugones y con una ligera sensación de nostalgia, de aquí hasta agosto no tendré mas de dós dias seguidos de fiesta para recuperarme de los estragos del trabajo. Casi me dá vergüenza confesarlo, yo haciendome el remolón, y una buena parte de la ciudadania deprimida por el paro.
Compro el periodico y desayuno ojeandolo. Agazapado entre el resto de articulos, hay una articulo de Josép Corbella en "La Vanguardia" de hoy que llama mi atención : "LOS CIENTIFICOS IDENTIFICAN LAS SEDES DE LA CONCIENCIA MORÁL EN EL CEREBRO".
La verdád es que el articulo no tiene desperdicio, pero resumo el contenido brevemente : la moralidad y el sentido de la justicia de cada persona está regulada por un área cerebrál llamada unión temporo-pariental derecha, situada sobre la oreja derecha.
Parece sér que una investigación de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard ha descubierto que varios voluntarios, al sér sometida esta zona de sú cerebro a radiaciones magnéticas, presentaban una alteración en sús percepciones de lo que es justo ó injusto, morál ó inmorál.
De repente, una idea cruza mi cerébro : ¿ que zona de nuestra cabeza se vé afectada por la radiación de un teléfono móvil funcionando mientras hablamos por él ?, justamente esa, a no sér que el individuo sea zurdo.
Después de algo más de veinte años de uso indiscriminado de la telefonia móvil, ya empezamos a acusár sús efectos. Y vaya veinte años, aún recuerdo los primitivos Motorola Startac, con una potencia de emisión parecida a la de un microondas.
Ya tenemos la explicación a la decadencia morál que nos asalta, y al comportamiento anómalo de ciertos políticos. Tantas horas consultando a los infinitos asesores, tantas llamadas para verificár las encuestas de última hora, han acabado sacando al Mister Hyde que todos llevamos dentro.
Y así puede acabar uno por el uso y abuso del móvil, convertido en un Jaume Matas cuálquiera, el hombre que lo pagaba todo al contado con billetes de 500 Euros.
Ya lo decia el filosofo Epicuro : "Nada en exceso", ni siquiera las conversaciones del móvil
