Nativos Sioux realizando una ceremonia tradicional.
"Disculpe el señor" Joan Manuel Serrat
Esta mañana, he estado visitando las actualizaciones de mis "blogs" favoritos. Entre ellos está Entre Montones de Libros, una pagina dedicada a la literatura, y cuyos artículos y recomendaciones me parecen muy acertados. La entrada de hoy está dedicada a una obra literaria de caracter profundamente anti-belicista : Johnny cogió su fusil, de Dalton Trumbo. No es una obra apta para todos los públicos, describe la dura situación de un veterano de guerra que retorna a casa con el cuerpo mutilado y paralizado, pero con su mente intacta y prisionera en un cuerpo que no le permite comunicarse con nadie, salvo utilizando el código morse.
A mi, esta cita de la obra de Trumbo, me ha traído a la memoria otra novela anti belicista escrita por Joseph Heller : Trampa 22 ( titulo original : Catch 22 ).
Esta obra, en principio una sátira de trazo grueso sobre los ejércitos y la casta militar, que acaba derivando en un sórdido drama, está ambientada en un escuadrón de bombardeo de la USAAF basado en Italia durante la segunda guerra mundial. El argumento gira alrededor del capitán Yossarian, una aviador que paradojicamente, odia volar. Es una novela coral, con decenas de personajes.
Entre ellos destaca el Jefe Blancavena. Un suboficial, un indio sioux mal encarado y con bastante mala leche, temido por todo el escuadrón por su facilidad para repartir puñetazos, "soplamocos" como a el le gusta llamarlos, entre los oficiales que no le caen nada bien, que son casi todos los de la unidad, y en especial, los de la plana mayor.
En una noche de borrachera, con la franqueza que da el alcohol, le relata la triste historia de su vida al protagonista, el capitán Yossarian.
Pertenecía a una extinta tribu asentada desde tiempos inmemoriales en las colinas del estado de Oklahoma. Durante los primeros años del siglo XX, se descubrieron abundantes reservas de petroleo en ese estado, y la tribu del Jefe Blancavena, tiene una tremenda facilidad para asentarse en terrenos ricos en petroleo. Las compañías petrolíferas descubren esta singularidad de la tribu, y empiezan a seguirlos para aprovechar esta rara habilidad. Una vez asentados en un nuevo terreno, los petroleros procedían a echar de allí a la desgraciada tribu a patadas, para acto seguido, comenzar a perforar y explotar los yacimientos del lugár.
Hasta que un día, los petroleros, que ya tienen bastantes terrenos sondeados, deciden exterminar a la tribu de Blancavena, para evitar que las compañías rivales aprovechen la extraña habilidad de los indios. El Jefe Blancavena, el ultimo superviviente perseguido, encuentra refugio en una oficina de reclutamiento del ejercito, y decide enrolarse en él. Porque ya no le queda a donde huir, y porque es mas difícil matar impunemente a un militar, que a un simple "piel roja".
Toda una sátira sobre la conquista del Oeste. Pero,la realidad, superó con creces y crueldad a esta fantasía.
¿ Que que tiene que ver este "rollo" que os he soltado con el Primero de Mayo, el día del trabajador ?. Muy sencillo, creo que la clase obrera española, nos empezamos a parecer terriblemente a la desgraciada tribu del Jefe Blancavena.
Una de las pocas ventajas que da el peinar canas, es que a estas alturas un servidor tiene ya una cierta perspectiva de la evolución de la sociedad española desde la transición hasta el día de hoy.
Y particularmente, de la industria de este país, de la que he formado parte como mano de obra desde mi adolescencia. Cuando se hizo la transición a la democracia, la clase obrera española conquisto una cierta dignidad hasta aquél momento desconocida. Y me refiero a la dignidad, porque en materia de derechos laborales, bajo el franquismo, los tenia casi todos excepto el derecho a la huelga y a libertad para negociar los convenios laborales.
Con la democratización, los sindicatos, emergieron a la luz después de décadas de actividad y existencia clandestinas. Asumieron un papel importante en la vida económica y laboral española, consiguiendo mejoras espectaculares en las condiciones laborales de la masa obrera. Se instauró la semana laboral de cuarenta horas, y los salarios alcanzaron unos niveles dignos, con clausulas de actualización en los convenios adaptados al crecimiento del IPC, que en algunos años de inflación desbocada, pusieron las cosas difíciles.
Hubo capítulos complicados en esta historia, como por ejemplo la reconversión industrial de las acerias de altos hornos, obsoletas en aquella época, que fue dolorosa en zonas como el País Vasco , Asturias y Sagunto. La crisis del sector textil en Cataluña también fue un episodio delicado. Pero aún dentro de la grave situación en algunos sectores productivos, el resto de la maquinaria económica y productiva española fué capaz de absorber el desastre económico y la bolsa de parados procedentes de estos sectores, y para mediados de la década de los noventa, disfrutábamos de una cierta prosperidad al calor de nuestra entrada en la Comunidad Económica Europea, y de la inyección de fondos estructurales procedentes de Europa
Una buena parte de nuestra industria fue adquirida por multinacionales europeas y norteamericanas, que encontraron la oportunidad para invertir en sectores rentables con un coste relativamente bajo. Todas estas inversiones, fueron vistas con agrado tanto por parte de los gobiernos de turno, como por parte de los trabajadores. Parecía que las inversiones extranjeras aseguraban nuestro futuro industrial y la actividad de estas empresas. Por entonces, teníamos un ratio de costes laborales muy bajo en relación al coste de la mano de obra en el resto de la Unión Europea.
Parecía que nos habíamos instalado en el paraíso. La bonanza económica aseguraba la prosperidad, y empezamos a materializar todos nuestros sueños. Los sindicatos perdieron su combatividad inicial, y pasaron a ser meros gestores de convenios colectivos. La clase obrera, empezamos a vestir con ropas de marca, a comprarnos caros coches de importación, y a definirnos a nosotros mismos en las encuestas como clase media. Vacaciones en Nueva York, segunda residencia en la costa, y pocos ahorros en el banco, o mas bien, deudas e hipotecas que parecían fáciles de financiar mientras a final de mes cobrásemos nuestra nómina.
Todo ello con la complicidad de los bancos y el sistema financiero, ya que los intereses habían pasado en pocos años de un veintitantos por ciento, a un siete u ocho en el peor de los casos. Todos salimos beneficiados.
Apareció el fenómeno de la inmigración. Millones de personas acudieron aquí atraídos por el olor de la cocina y de la prosperidad, buscando también realizar sus sueños. Aquí fue donde los sindicatos de clase de este país perdieron el control de la situación, permitiendo que la clase empresarial aplicase lo que se dio en llamar los "contratos basura" esta mano de obra inmigrada, con la excusa de la "baja cualificación". Salarios por debajo de los convenios, mientras los sindicatos miraban hacia otra parte. ¿ Porqué preocuparse de estos recién llegados, ya se apañaran, no son de los nuestros ?.
Aquellos "contratos basura" se convirtieron en una herramienta eficaz en manos del empresariado. Con la excusa de la rebaja de costes y la "competitividad, estos contratos pasaron a ser la normalidad, sustituyendo con infra-empleo casi toda la fuerza laboral de las empresas de cierto volumen, salvo en puestos que requerían una cierta formación y especialización, los justos e imprescindibles.
Nuestra decadencia continuó con la expansión de la burbuja inmobiliaria. La presión de la especulación, tiraba para arriba de los precios de la vivienda a veces a un ritmo anual del quince por ciento. Los bajos costes del dinero, se veían compensados por la carestía de los precios de las viviendas. La hipoteca media, paso en poco tiempo de quince, a veinte, treinta y cuarenta años. Toda una vida pagando un techo que tener sobre nuestras cabezas.
De golpe y de repente, nuestros sueños se convirtieron en pesadillas. La firma de tratados internacionales de libre comercio con Asia, provocó el cierre o el traslado de una parte de nuestras industrias. No podíamos competir con alguien al otro lado del mundo cuyo salario diario da tan solo para un tazón de arroz y poco más.
Las multinacionales, que años atrás nos veían como un país atractivo para producir la gama barata de sus catálogos de producto, empezaron a practicar algo que eufemisticamente se ha llamado la "deslocalización", que no es otra cosa que cerrar las fábricas y trasladarlas a lugares con coste laborales mucho mas baratos que los nuestros.
Y al final, la burbuja inmobiliaria, acabó estallando. Casi todo el sector constructivo, salvo las grandes empresas especializadas en obra pública, ha quebrado, mandando al desempleo a millones de trabajadores.
Hay millares de viviendas por todo el país a estrenar, que no se venderán nunca. Mas de cuatro millones de parados llenan las listas del desempleo. Familias enteras no tienen ni a uno solo de sus miembros con un empleo asegurado, y muchas están perdiendo sus viviendas y los ahorros de generaciones.
No voy a cargar las culpas de todo esto solamente al sistema empresarial y al sistema financiero. Nosotros mismos, tenemos algo de culpa en todo ello. El ratio de endeudamiento privado en España es de los mas altos de Europa, y ha sido el complemento de la "tormenta perfecta" que ha sido la crisis en España. Vendimos nuestra libertad a cambio de un adosado en la costa y de un coche carisimo que no hemos acabado de pagar.
Es por eso que hoy no he salido a la calle, para desfilar detrás de los colores de algún sindicato que durante años ha estado durmiendo el sueño de los justos, y que ahora, tras el amargo despertar, quieren recuperar el tiempo y el terreno perdido a toda prisa, y cuando ya es demasiado tarde.
Para las clases adineradas de este país, que han "deslocalizado" sus negocios a otros lugares, y han sabido invertir fuera del país los beneficios obtenidos, la clase obrera ya tan solo somos una molestia inútil, un estorbo, un limón ya exprimido. Nuestro pellejo no vale ya un Euro, como la tribu del Jefe Blancavena.
Señores, tenemos mucho trabajo por delante, tenemos que reinventar toda una sociedad, todo un sistema productivo, y si me apuran, todo un país. Hemos retrocedido al nivel de nuestros bisabuelos, salvo por un detalle. Ellos tenían hambre, pero no le debían nada a nadie.
Que Dios nos inspire. Y disculpad el tono amargo y sombrío de este "post".
- Por cierto, un servidor, Timoteo Bofarull Hautecloque, ya tiene página propia en facebook, buscadme y enlazadme.
- ¿ Que pasa Timoteo, haciéndote publicidad ?.
- "Nene", si no me la hago yo, ¿ quien me la va a hacer ?.
- Amigos, echadle un vistazo a la página de este indeseable, si hasta liga y todo.
- "Nene", es que ser mas guapo que tú no es nada difícil.
- Gracias Timoteo, yo también te quiero.
"Jamas seria socio de un club que admita como miembros a gentuza como yo". ( Groucho Marx )
martes, 1 de mayo de 2012
sábado, 28 de abril de 2012
EL EVANGELIO SEGUN TIMOTEO BOFARULL ( VI )
Moongate ( El portal de la Luna ) Secret Garden
Capitulo 1 ( 6ª parte )
ellas, se detuvo en una. Reconocía en aquél rostro al hombre
que había visto en aquella calle con una pistola en la mano. El texto, aclaraba
que aquél sujeto tenía antecedentes por complicidad
en el robo y manipulación de automóviles de alta gama para su venta fraudulenta,
aunque no había sido condenado por ello.
-- Ya te tengo, so
cabrón.
Descargó el
fichero de Timoteo, y con el redactó una orden de detención por intento de
homicidio. La envió por la red interna a todas las comisarias del país, y
preparó la documentación necesaria para presentar la denuncia en el juzgado de
guardia. Disponía de su casco como prueba, y el testimonio de los que le
rodeaban en aquél momento. No había podido regresar a aquella calle para
recoger los posibles casquillos del arma.
Los vecinos de las
“casas baratas” estaban eufóricos tras el triunfo que significaba la suspensión
de los desahucios. Una unidad móvil de una emisora de radio, Cat Radio estaba
destacada allí recogiendo información sobre los sucesos de aquella mañana. La
periodista Gloria Martí, una atractiva mujer madura y veterana informadora,
trataba de interrogar a los vecinos sobre los incidentes de la mañana, y sobre
todo, averiguar cómo habían conseguido echar de allí a las fuerzas de policía y
a los funcionarios judiciales. Había sido testigo desde la distancia de la
retirada ordenada por Hereter. Estaba acercándole el micrófono a uno de
aquellos vecinos ruidosos que celebraban su victoria. El buen hombre, había
estado brindando en varios de los bares del contorno durante un par de horas.
Se jactaba de haber estado en la barricada de la calle Seros.
-- Soy Gloria
Martí, de Cat Radio, ¿ querría usted explicarnos que es lo que ha ocurrido hace
un rato durante la carga de los policías ?.
-- Pué que va a pasá. Que ´sos tios son
unos mierda. Que con nosotros no pué naide. S´han acojonao. Son uno “membrillos”.
El aliento
alcohólico de aquél hombre y sus balbuceantes palabras, le indicaron a Gloria
que poco, o casi nada podría explicarle aquél individuo. Tras media hora de
seguir merodeando por la zona, y entrevistando a alguno más de los vecinos,
Gloria se convenció de que no iban a averiguar la causa. Decidió volver a la
emisora, en la avenida Diagonal. El técnico de sonido era también el conductor
del vehículo. Gloria comentaba con el durante el trayecto lo extraño de lo
sucedido aquella mañana.
-- Ha sucedido algo extraño dentro de esas
calles, Gloria. El oficial de policía no dejaba de mirar su casco y enseñarlo a
uno de sus hombres poco antes de retirarse de allí.
Cat Radio dio la
noticia del desahucio fallido, remitiéndose a una nota del gabinete de prensa
del ayuntamiento, complementada con alguna de las declaraciones tomadas por
Gloria a los vecinos. Aquella nota decía que el desahucio se había suspendido
por razones de seguridad, y para evitar daños accidentales a personas y bienes
en el barrio. La criptica nota del ayuntamiento, levanto aún más extrañeza
entre los periodistas sobre lo sucedido aquella mañana.
En todas las
profesiones, siempre existe algo de
endogamia. Gloria estaba casada con otro periodista, antiguo compañero en la
primera emisora de radio en la que realizó sus prácticas durante el último
curso en la facultad, Manuel Daroca. Daroca era un articulista y un periodista
de investigación bastante respetado entre la prensa escrita de la ciudad. Era
uno de los articulistas de cabecera del rotativo “El Jornal de Cataluña”.
Aquella noche,
cuando él regreso a casa tras el cierre de la edición, ya de madrugada, a
Gloria apenas le faltaba una hora para dirigirse a la emisora para empezar su
jornada. Hicieron el amor de forma rápida y apasionada, como dos amantes que
aprovechan la ocasión ignorando cuando será la próxima vez. Cuando el notó que
ella alcanzaba el segundo orgasmo encadenado, se dejó “ir” también. Veinte años
de matrimonio entre los dos, no habían conseguido relegar el sexo entre ellos a
algo rutinario. Mientras se duchaba, Gloria le comentó a su marido las novedades
del día anterior.
-- Ayer estuve
cubriendo con la “móvil” el desalojo del Bon Pastór. ¿ Ya te has enterado del
jaleo que se armó ?. Tuvieron que suspenderlo.
-- Algo he
escuchado, pero solo sé que se suspendió el desalojo de las primeras familias.
Publicamos una pequeña nota en las páginas locales de hoy.—Respondió el
sumergido en un dulce sopor provocado por el frenético coito, con un tono de
voz que se asemejaba al suave ronroneo de un gato satisfecho.
-- Tendrías que ir
por allí e investigar qué es lo que ha sucedido. Yo no conseguí sacar nada en
claro, tan solo que los policías y funcionarios tuvieron que retirarse de
aquellas calles. Y además, ¿ quieres saber un chisme, algo curioso que
contemplé ?.
-- Cuéntamelo.
-- Nuestro
flamante concejal del distrito, el Hereter, ¡¡ se cagó en los pantalones,
materialmente !!. Tenía una buena mancha, y se podía oler la mierda a decenas
de metros. Estaba bastante nervioso y agitado. No me atreví a pedirle ninguna
declaración en ese estado, je, je.
-- ¿ Puedo publicar eso, cariño ?. Te citaré
como fuente.
-- ¡¡ Ni se te
ocurra !!. Hay unos límites en nuestro trabajo, y ese pobre hombre tiene
derecho a tener un poco de dignidad.
-- Cariño mio,
cuando se entra en política, se pierde toda dignidad. Hay rumores por ahí de
que toda esta operación es un “pelotazo” urbanístico a la mayor gloria de unos
pocos bolsillos, donde irán a parar las plusvalías del negocio que será el
nuevo complejo de viviendas. Y parece que ese “pobre hombre”, como tú le
llamas, tiene algún interés inconfesable en todo ese asunto, aunque de momento,
no se puede probar nada.
Gloria volvió al
dormitorio para vestirse. Manuel observó el cuerpo bello y rotundo de su esposa
a la luz de la claridad que se filtraba a través de la persiana semicerrada.
Fue un momento mágico y fugaz, mientras ella se enfundaba en su ropa interior.
La madurez había pronunciado sus curvas. Incluso tenía una leve barriguita, que
a él le parecía que añadía un plus de atractivo a aquél cuerpo que adoraba, y
que no se cansaba de acariciar cuando podían compartir unas cuantas horas de
cama el fin de semana. Sintió otra vez la punzada del deseo, pero ya no había
tiempo para nada. Los problemas de tener horarios laborales divergentes.
-- De todas formas,
no olvides intentar averiguar algo sobre el follón de ayer, Manolo, creo que
sucedió algo raro. Si lo consigues, tendrás un artículo sobre eso que los
puristas de la pluma llaman “realidad social”.
Ya vestida, ella
se inclinó para besar a su marido. El sujetó su nuca con la mano, prolongando
el beso y explorando con su lengua la boca de ella. Magréo su pecho con la mano
que le quedaba libre. Ella se dejó llevar unos instantes, pero cortó en seco el
beso.
-- ¡¡ Deja de
excitarme aún más, so canalla !!, que aún llegaré tarde. Y procura tomar vitaminas
para el sábado, ¡¡ porque voy a follarte hasta que pidas socorro!!.
Manolo durmió
seis horas de un tirón. Al levantarse, tomó un bocado ligero con un zumo de naranja. Anotó en la agenda
el darse una vuelta por el Bon Pastor e intentar averiguar algo sobre aquella batalla campal. Salió hacia la redacción del periódico.
FIN
Hasta aquí llega el primer capítulo de la novela que trata las andanzas de Timoteo Bofarull en la Barcelona orgullosamente post-olimpica, ensimismada en si misma y en su imagen de modernidad, y que olvidó que bajo el asfalto, estaba la tierra de los antepasados.
Un personaje que vive en la difusa linea que separa el bien del mal, en una zona de penumbra. Que ha envejecido prematuramente a sus veintitantos años, y que decidió tirar por la calle de en medio cuando la sociedad le abofeteó en las dos mejillas. Que ha conocido lo peor de la condición humana, y ha decidido explotar el lado oscuro de esa condición en beneficio y lucro propio. Hasta que aquél día, todo se torció rápidamente.
Llevo la redacción de la novela bastante adelantada. Me gustaría conocer vuestra opinión sincera sobre lo que habéis leído.
Gracias
Hasta aquí llega el primer capítulo de la novela que trata las andanzas de Timoteo Bofarull en la Barcelona orgullosamente post-olimpica, ensimismada en si misma y en su imagen de modernidad, y que olvidó que bajo el asfalto, estaba la tierra de los antepasados.
Un personaje que vive en la difusa linea que separa el bien del mal, en una zona de penumbra. Que ha envejecido prematuramente a sus veintitantos años, y que decidió tirar por la calle de en medio cuando la sociedad le abofeteó en las dos mejillas. Que ha conocido lo peor de la condición humana, y ha decidido explotar el lado oscuro de esa condición en beneficio y lucro propio. Hasta que aquél día, todo se torció rápidamente.
Llevo la redacción de la novela bastante adelantada. Me gustaría conocer vuestra opinión sincera sobre lo que habéis leído.
Gracias
viernes, 27 de abril de 2012
EL EVANGELIO SEGUN TIMOTEO BOFARULL ( V )

Capitulo 1 ( 5ª parte )
- No se merecen,
tan solo era parte de nuestro trato. No volverán por aquí. Nadie podrá volver a
intentar echaros de aquí, descuida.
Los vecinos,
celebraban su victoria en las calles. Alguien había avisado a un ambulancia,
donde era atendida Remedios, la vecina de la casa de enfrente a la de Timoteo.
Aparte de la herida en la cabeza, la mujer presentaba un cuadro de conmoción
cerebral. Timoteo era consciente de que aquél policía le había visto, y
probablemente a aquellas alturas, debían de haber dictado ya una orden de
detención contra él. Entró en su casa, y se dirigió al baño. Allí, detrás del
mueble que colgaba de la pared, sacó de un escondrijo todo el dinero en
efectivo que tenía acumulado en la casa, una cifra respetable. Cogió el teléfono
móvil y el cargador de corriente, y salió de la casa. La ambulancia estaba a
punto de partir en dirección al hospital del valle de Hebrón con la anciana
herida. Se ofreció a los médicos para acompañar a la mujer, les dijo que ella
era una familiar suya. Subió junto a la camilla en la parte posterior del
vehículo, y se sentó. La pistola, le estorbaba y se le estaba clavando en el
culo, pero no se atrevió a acomodársela en presencia del enfermero que atendía
a la mujer.
El vehículo de
emergencias, tuvo que dar archa atrás para evitar el furgón de la policía que
había sido abandonado por su dotación en la esquina. Alguien, lo había
incendiado. Algunos vecinos intentaban controlar el fuego para que no se
extendiese a la casa cercana. A lo lejos, se oían las sirenas de los vehículos
de los bomberos. La ambulancia, cruzó el cordón policial que envolvía el barrio
en dirección al hospital. Ningún policía reparó en ella en mitad de todo aquél
jaleo.
La operación de
desahucio, había quedado suspendida. El destacamento de policías, no podía
acercarse a menos de veinte metros del límite de las “casas baratas”. Una
sensación incontrolada de pánico inexplicable, se apoderaba de ellos. Parecía
que hubiese una barrera invisible alrededor de la zona para todo aquél que
llevase un uniforme azul.
Así, acabó lo que
la prensa calificó al día siguiente como la “batalla del Bon Pastor”.
Aquel mediodía, el
sargento primero de la Guardia Civil Manuel Vázquez estaba en su despacho de la
sección operativa del Centro Superior de Información para la Defensa, (CESID ).
La sección operativa, apodada por sus miembros como la “sección Hollywood” era
la encargada de realizar las tareas que se podrían considerarse “ilegales”,
como las escuchas, los registros en locales y domicilios, y las vigilancias de
todos aquellos que pudiesen significar por una razón u otra una amenaza para la
seguridad nacionál. La sección realizaba los “trabajos sucios” del CESID.
Desde su alta en
el hospital, hacia unos meses, Vázquez había sido incorporado a aquél nuevo
destino por recomendación del coronel De La Fuente. La delegación de Barcelona, ocupaba una planta
de un moderno edificio de oficinas en la calle de Tarragona. Ninguna placa en
el vestíbulo indicaba su presencia en aquél edificio. Una docena de plazas de
aparcamiento en el sótano estaban ocupadas por los diferentes vehículos de la
unidad, y los diferentes conserjes que se turnaban las veinticuatro horas en el
vestíbulo del edificio, también pertenecían al servicio. La seguridad, era
discreta pero efectiva para todo el bloque, donde las actividades del servicio
de información convivían con empresas privadas. Los miembros del grupo, pasaban
inadvertidos entre el personal de las diversas oficinas de empresas comerciales
que ocupaban el edificio.
Vázquez había
cerrado un caso de vigilancia sobre una empresa dedicada a la importación y
exportación aquellos días. Una tapadera legal que encubría un caso de
inmigración ilegal, y estaba resolviendo todo el papeleo que el fin de aquella
operación había generado. La banda de delincuentes había sido desarticulada el
día anterior, y sus miembros puestos a disposición del juez de guardia.
El ordenador
destacó en la pantalla la entrada de un nuevo fichero procedente de la actividad
de la Policía Nacional. No era que mantuviesen una relación de estrecha
colaboración con la policía, sencillamente un programa informático colocado en
el ordenador central de la Policía Nacional automáticamente les enviaba una
copia de las alertas que se generaban.
Vázquez abrió el
archivo que había recibido. Era una orden de arresto contra un individuo que
aquella mañana había disparado contra miembros de los antidisturbios en la
barriada del Bon Pastor. Había un par de fotografías de la ficha policial del
presunto sospechoso. Se sorprendió al verlas.
- ¡¡ Coño !!, si
es Timoteo.¿ En qué clase de lio te habrás metido, niño ?.
Vázquez sentía un
sincero aprecio por Timoteo desde que ambos coincidieron en el Hospital Gómez
Ulla de Madrid.
Era poco antes del mediodía cuando Jordi Hereter recibió aquella llamada en su despacho
en el edificio de oficinas que el ayuntamiento tenía en la plaza de Sant
Miquél.
--¿ Digame?, ¿ si
?…… ¿ cómo, que no ha sido posible empezar los desalojos del Bon Pastor?..... ¿
Porqué ?. No es posible, no… ¿ Que una compañía entera de antidisturbios han
escapado como conejos ?. ¿ Pánico ?. Mira Antonio, yo no entiendo nada. ¿ Que
siguen en el perímetro del barrio y no pueden entrar ?. Aún lo entiendo menos
todavía. Mira, voy a coger el coche y voy hacia allá, porque no me creo nada de
toda esta mierda que me estas explicando. Espero que haya una buena razón para
todo este lio. Diles que se mantengan todos quietos donde están, los policías,
el juez, el secretario del juzgado, y tú mismo. No os mováis de ahí, tardo
media hora en llegar.
Hereter hizo
localizar urgentemente a su chofer, y emprendió el camino del centro de la
ciudad al Bon Pastor en el coche oficial. Cuando llegó a la zona, contempló a
todo el grupo, policías, juez y funcionarios a un lado de la calle. Al otro
lado, un grupo de vecinos y los muchachos del ateneo libertario increpaban,
insultaban y se mofaban abiertamente de los ocupantes de la acera opuesta del
la calle. La llegada de Hereter a bordo de su coche oficial, hizo que los
insultos, las amenazas y las puyas se redoblasen de una manera atronadora.
Alguna botella de cristal fue lanzada desde la otra acera contra el pelotón de
policías, que esquivaron sin muchas complicaciones.
Hereter se
encontró con el funcionario que le había llamado nada mas poner un pié en el
suelo.
-- Ya me
explicarás que es esa historia de que no podéis entrar en el barrio.
-- Lo que oye, en
cuanto intentamos cruzar la calle, nos es imposible, ¡¡ se lo juro, señor Jordi!!.
No sé qué es lo nos sucede, ¡¡ pero no tenemos cojones de entrar ahí !!.—El
tono servil del funcionario se vió afectado por el miedo que destilaba su vóz.
-- Antonio, intentadlo y os acompaño, no puedo creer que no podáis entrar en esa calle sin motivo aparente.-- Hereter crispó el rostro tras la conversación con su subordinado. No soportaba la incompetencia ni las tonterias
Antonio habló con
el oficial la mando de los policías, con el juez y los funcionarios judiciales.
Los policías se prepararon para cargar una vez más. La primera línea de
uniformados, cruzó la calle con los escudos de plástico levantados, y con los funcionarios, el juez y Hereter tras ellos.
Nada mas alcanzar el otro lado de la calle, los policías empezaron a titubear
mientras los revoltosos retrocedían al interior de las calles.
Hereter, empezó a sentir una sensación de desasosiego. Tenía la impresión de que la luz del día se iba oscureciendo poco a poco a cada paso que daba. La producción de adrenalina se disparó en sus glándulas supra-renales, y su hígado activó la producción de glucosa. Empezó a sentirse amenazado por algo indefinido, algo que no veía, pero que acechaba a la sombra de aquellas casas de planta baja, y que le obligaba a estar en alerta, vigilante. Empezó a sudar, y detuvo sus pasos vacilantes. Los policías que le precedían, empezaron a retroceder de una forma nerviosa. Hereter se quedó solo en aquella calle. Una botella, arrojada por los alborotadores, se estrelló en la pared, junto a él, llenado su chaqueta de esquirlas de vidrio. Pero no le inquietaban los objetos que volaban hacia él. La luz, continuó descendiendo en intensidad. Le daba la impresión de estar entrando en la penumbra del anochecer. Pero eran poco más de las doce del mediodía. Sudaba copiosamente dentro de su ligero traje veraniego, y sus pies se habían vuelto de plomo. Una sensación de pánico incontrolable le dominó súbitamente. Un miedo desconocido, que nunca había sentido. De repente, su esfínter se soltó y notó una masa cálida descendiendo por sus pantalones. Se giró en redondo, y salió de aquella calle, siguiendo a los policías y funcionarios que habían retrocedido instantes antes que él.
Hereter, empezó a sentir una sensación de desasosiego. Tenía la impresión de que la luz del día se iba oscureciendo poco a poco a cada paso que daba. La producción de adrenalina se disparó en sus glándulas supra-renales, y su hígado activó la producción de glucosa. Empezó a sentirse amenazado por algo indefinido, algo que no veía, pero que acechaba a la sombra de aquellas casas de planta baja, y que le obligaba a estar en alerta, vigilante. Empezó a sudar, y detuvo sus pasos vacilantes. Los policías que le precedían, empezaron a retroceder de una forma nerviosa. Hereter se quedó solo en aquella calle. Una botella, arrojada por los alborotadores, se estrelló en la pared, junto a él, llenado su chaqueta de esquirlas de vidrio. Pero no le inquietaban los objetos que volaban hacia él. La luz, continuó descendiendo en intensidad. Le daba la impresión de estar entrando en la penumbra del anochecer. Pero eran poco más de las doce del mediodía. Sudaba copiosamente dentro de su ligero traje veraniego, y sus pies se habían vuelto de plomo. Una sensación de pánico incontrolable le dominó súbitamente. Un miedo desconocido, que nunca había sentido. De repente, su esfínter se soltó y notó una masa cálida descendiendo por sus pantalones. Se giró en redondo, y salió de aquella calle, siguiendo a los policías y funcionarios que habían retrocedido instantes antes que él.
-- ¿ Lo entiende
ahora, señor Jordi ?.
-- Si Antonio, os
entiendo a vosotros, pero no entiendo que es lo que sucede ahí dentro.
-- Pues lo hemos
intentado en varias ocasiones con el mismo resultado. Los policías que cargaron
en la calle de Serós contra las barricadas, hablan de demonios, de seres
sobrenaturales que están dentro de esas calles.
--Antonio, yo no
he visto ningún demonio, pero me he cagado encima, ¡¡literalmente!!.
Hereter se dirigió
al oficial al mando de la policía, y a los funcionarios judiciales.
-- Suspendemos el
desalojo, por favor, vuelvan todos a sus cuarteles y despachos, y mañana
volveremos a intentarlo otra vez. Esto no tiene ninguna explicación
posible.—Vio por el rabillo del ojo a una unidad móvil de una emisora de radio
estacionada a unas decenas de metros. Los periodistas, habían estado cubriendo
la noticia de los incidentes.—Y que ninguno de ustedes haga ningún comentario
sobre lo que ha ocurrido con la prensa, por favor.
Una vez disuelto
el operativo para el desalojo, Jordi Hereter se dirigió a un bar cercano, para
procurar limpiar en lo posible el desastre que había bajo sus pantalones. Una
vez aseado dentro de las posibilidades, se tomó una cerveza fría para serenar
el ánimo. Todo aquello, era inexplicable para él. Cuando volvió al coche
oficial, le ordenó a su chofer que se dirigiera a su domicilio, en vez de a su
despacho. Observó a través del retrovisor una mueca burlona en el rostro del
conductor. Aquello le hizo ponerse de mal humor.
-- Y borra esa
estúpida sonrisa de tu cara, so cretino, o mañana vas a estar conduciendo un
camión de basuras.—La expresión del chófer, se volvió malhumorada, como la de
su jefe.
El convoy policial
con los furgones supervivientes del incidente, llegó al acuartelamiento situado
en la Zona Franca. El oficial al mando de la compañía, hizo reunirse a sus
hombres nada más desembarcar de los vehículos. Los rostros de aquellos
policías, eran una galería de diferentes expresiones. Había algún rostro
lívido todavía por el miedo, expresiones
de preocupación, de asombro, y alguna incluso jocosa.
-- Señores,
esperaremos órdenes para regresar al Bon Pastór cuando nos lo indiquen otra
véz. Y que quede claro que esto que ha sucedido hoy, ¡¡ no puede salir de aquí
de ninguna manera !!. Nadie hablará de este asunto con la prensa o con ningún
medio de comunicación. Y si a alguien se le ocurre hacerlo, y averiguo quien
es, lo suspendo de empleo y sueldo durante tres meses y le envío a hacerse una
evaluación psicológica preventiva. ¡¡
Así que calladitos todos !!. O nos van a tomar por locos, ¡¡ coño !!.
Tras abroncar a sus hombres, el oficial se dirigió a las oficinas, y tomo asiento en su mesa,delante
del ordenador. Se conectó al banco de datos del ordenador central de la policía en Madrid, el "Gran Berta", y abrió el fichero de delincuentes correspondiente a la provincia de Barcelona. Discriminó los datos introduciendo el código postal del Bon Pastor. Cerca de doscientas fichas aparecieron en el indice de la pantalla. Aplicó el filtro de edad entre los veinte y treinta años, y discriminó las que quedaban por sexos. Finalmente, solo quedaron veinte. Tras pasar en pantalla una docena de
( continuará )
EL EVANGELIO SEGUN TIMOTEO BOFARULL ( IV )
Capitulo 1 ( 4ª parte )
- Mi señor
Lucifér, quiere saber porqué El se te ha aparecido. Llevaba cientos de años sin
hacerlo. Y cuando vuelve a hacerlo, cuando vuelve a revelarse, ¡¡ lo hace ante
ti !!. Por eso me envió a mí. Soy su más
valioso servidor.- Timoteo retrocedió un par de pasos.
- A mí también me
gustaría saberlo, Beleth. Desde entonces, mi vida es más complicada. Soy
consciente de mi miseria, y de la de los demás. Veo más allá de lo que ven los
que me rodean. Tengo conocimientos que nunca he aprendido, y vivo en una
inquietud permanente. Tengo que ir con urgencia al psicólogo. A ver si con
suerte y unas cuantas pastillas, ¡¡ dejo de verte y escucharte!!.- Beleth soltó
algo parecido a una carcajada con su extraña voz en varias frecuencias.
- Unas simples pastillas,
no te librarán de mí. Solo conseguirías aturdirte con ellas. ¿Qué sentiste
cuando tuviste la visión, que es lo que viste aquél día?.
- Una luz
indescriptible, como nunca la había visto antes. Una voz grave y extraña, que
parecía proceder de todas partes y de ninguna a la vez. Tuve que detener el
coche en la autopista como buenamente pude. Había perdido el mundo de vista. Y
el dolor. Un dolor agudo en mi cabeza, detrás de mis ojos. Era como si algo
estuviese entrando en mi cuerpo a través de mis retinas. Y el placer, un placer
que nunca había experimentado, al mismo tiempo que mi cabeza parecía estallar
de dolor. Salté la valla de la autopista, y me interné en el bosquecillo que
había al lado. El dolor iba y venía, como una vibración. De golpe y de repente,
el dolor y la luz cesaron dejando paso a una tremenda sensación de alivio y a
una oscuridad absoluta. Me había quedado ciego. Y aquella voz, siguió
hablándome, aunque no conseguía entenderla. Solo comprendí la última frase:
prepara el camino.
- Solo eso, ¿
prepara el camino ?.
- Si, solo eso.
Afuera, en la calle, se empezaban a
escuchar gritos y golpes lejanos. Parecía que la policía ya empezaba a penetrar
por las estrechas calles del barrio.
Timoteo salió a la
puerta de la casa. Frente a la casa de Mari, se habían concentrado los anarquistas,
y una multitud de vecinos. Habían utilizado contenedores de basura y varios
muebles viejos para levantar dos barricadas a ambos lados de la casa de la
mujer. Algunos chavales, por delante de
las barricadas y con el rostro cubierto por pañuelos, disparaban piedras y
tuercas metálicas contra los policías utilizando tirachinas. Los
antidisturbios, refugiados tras sus escudos de plástico, respondían disparando
pelotas de goma y botes de humo contra los revoltosos, que estos devolvían a patadas
a la policía.
Un grupo de
revoltosos se enzarzó a golpes contra dos o tres policías que se habían
adelantado. Los policías, se emplearon con sus porras a fondo contra aquellos
manifestantes. La puerta de la casa situada frente a la de Timoteo se abrió. La
vecina de aquella casa, una mujer de unos sesenta años, la señora Remedios, se
enfrentó a uno de los policías que estaba apalizando a uno de los chavales
caídos en el suelo. El golpe de porra que recibió como respuesta aquella mujer
en la cabeza, fue atroz.
Timoteo la vio
caer al suelo con un reguero de sangre manando de su cabeza. Quedó acurrucada
en posición fetal, mientras a su alrededor continuaban los golpes. La sangre
empapaba el cabello de la mujer, sus manos, y empezaba a gotear en el asfalto. La
visión de la sangre, conmocionó a Timoteo.
En un instante, retrocedió en el tiempo, y
volvió a estar en Mostar, en la entrada del hospital musulmán. La sangre, había
salpicado la blanca pintura que identificaba al blindado como parte de las fuerzas
de pacificación de la O.N.U. El alférez Capdevila, agonizaba en sus brazos,
atravesado por un disparo. Volvió a ver su sangre empapando su uniforme, sus
manos, su cara. Volvió a sentir una mezcla de odio y miedo. Sobre todo, miedo. Y
una ira tremenda.
- ¡¡ Hijoputas, cabrones !!. Nos han declarado la guerra.-
Timoteo cerró la puerta y se dirigió a su habitación. Movió la mesilla de noche
a un lado de su posición junto a su cama. Levanto una losa del suelo con la
ayuda de una navaja. Originalmente, su abuela paterna había practicado aquél
escondite para esconder el dinero y las joyas de valor. Ahora, Timoteo escondía
allí un recuerdo de su paso por Mostar con la Legión.
- ¿ Que vas a
hacer con eso ?.- La pregunta de Beleth le sorprendió hurgando en el agujero
que la loseta levantada del suelo había dejado al descubierto. Creía que el
demonio había desaparecido, pero seguía junto a él.
- Poner a esos
cabrones de uniforme en fuga, ya que tú no haces nada.
Sacó del agujero
una bolsa hermética de plástico que contenía un bulto envuelto en trapos. Abrió
el paquete, y extrajo una pistola automática Colt. Sacó el cargador de la
culata, y abrió el cerrojo echando un vistazo a la recamara. Estaba limpia y en estado de uso. Colocó el
cargador en su lugar, cogió un cargador lleno adicional más que había también
en el paquete, y lo introdujo en el bolsillo. Volvió a hurgar en el agujero y
extrajo de allí una caja de munición precintada aún. Cogió de ella un puñado de
balas, y también las introdujo en el
bolsillo.
- ¿ Y tú, poderoso
señor de los infiernos, no vas a hacer nada por esa pobre gente ?.
- Podría hacerlo,
podría obedecer cualquier orden que tú me dieses. Seria tu leal servidor . Pero solo si me respondes a una pregunta. No
te será difícil, si realmente estas tan informado sobre nosotros, los demonios.
Pero a cambio, si no sabes darme la respuesta adecuada, tendrás que pagarme un
precio muy, muy alto.
- ¿ Cuál es el
precio, Beleth ?.
- Tu alma, Timoteo, tu jodida alma inmortal.
Desde la calle
llegaba el fragor de la batalla. Las detonaciones de los fusiles de la policía
vomitando pelotas de goma eran claramente audibles dentro de la casa. Timoteo
volvió a mirar al fondo de aquellos pozos de negrura que eran los ojos del
demonio.
- Trato hecho,
Beleth. De todas formas, ya contaba con ir de todas maneras a los infiernos.
Hazme esa pregunta.
- ¿ Quién es mi
peor enemigo, mi carcelero, mi guardián ?.
- Buena pregunta,
demonio. Tiene que ser alguno de tus viejos compañeros antes de vuestra caída.
Uno de los que escogió el bando adecuado.
- Si, pero, ¿ cuál
de ellos ?.
- Azraél, el ángel
de la muerte, el exterminador. El es tu guardián.
Un rugido surgió
de la boca demoniaca.
- ¡¡ Es cierto !!.
Eres un cabroncete muy listo.
- Ya te advertí
que tengo conocimientos que no he aprendido nunca. No temas, no te voy a pedir
nada humillante. Ahora, sal ahí fuera, y pon en fuga a esos desgraciados, ¡¡
para siempre !!. Yo voy a saltar por el patio a la calle de detrás, por la
puerta será imposible salir. Encajó la pistola en la parte trasera del pantalón
Timoteo trepó al
tejado por el muro del patio. Una vez arriba, caminó con cuidado apoyando su
peso sobre la zona del tejado que se apoyaba en la pared medianera entre dos
casas. Salto al techo de una pequeña
furgoneta aparcada en la desierta calle Biosca. Toda la atención del barrio, y
de la policía, estaba puesta en la calle de atrás. Giró la esquina caminando
tranquilamente. Como suponía, en el cruce de su calle, estaba estacionada una
furgoneta policial que ejercía de puesto de mando sobre el pelotón de policías
que apaleaban a los manifestantes y los revoltosos. Observó a una pareja de uniformados
junto al vehículo. Uno de ellos, con lo galones que le distinguían como oficial
sobre los hombros, impartía órdenes a
través de una radio de mano. Junto a ellos, unos hombres vestidos de paisano, uno de ellos con una carpeta
entre los brazos. Debían ser los funcionarios del juzgado. No le habían
observado llegar.
Se parapetó tras
un coche aparcado. La pareja de policías seguía teniendo toda su atención en
los disturbios de la calle Serós. Observó las viseras de plástico de los cascos
levantadas, y que los dos policías no se habían abrochado la sujeción del
casco, el barboquejo, bajo sus barbillas. Sacó la pistola de la parte trasera
del pantalón, quitó el seguro y la cargó. Se apoyó sobre el techo del vehículo.
Apuntó cuidadosamente a la parte superior del casco del oficial. Compensó la distancia al apuntar alineando el alza y la
mira.
Respiró hondo, y
disparó. El ruido del arma, quedó disimulado por el estruendo de la batalla
campal que se desarrollaba un poco más allá.
El casco de aquél
policía, salió disparado de la cabeza de su propietario, cayendo un par de
metros más allá. El desconcierto se apoderó de la pareja de uniformados. Aquél
policía recogió su casco del suelo, y se lo mostró a su compañero, señalando el
orificio de bala en la parte superior. Había una mezcla de estupor y miedo en
la expresión de ambos.
El nerviosismo se
apoderó del grupo. No dejaban de mirar en todas direcciones, y los dos policías
echaron mano a sus armas reglamentarias. De repente, el pelotón de policías
que operaba contra la barricada apareció
en la esquina corriendo desordenadamente buscando la salida del barrio. El
oficial cuyo casco había sido alcanzado por el disparo, su compañero y los
funcionarios judiciales, se unieron al grupo en su retirada a la carrera.
Aquél policía, se volvió y vio a
Timoteo con su arma en la mano. La miradas de los dos, se cruzaron a lo largo
de la calle.
En la calle Serós, los antidisturbios habían
estado a punto de vencer la resistencia de los alborotadores. Habían superado
la barricada de los contenedores de basuras, y estaban casi por alcanzar la fachada de la casa a desalojar.
Súbitamente, los policías de cabeza del pelotón se quedaron inmóviles. Parecía
que la luz del sol se desvanecía, amortiguándose en un extraño tono violáceo.
De repente, la calle estaba llena ante ellos, había allí una multitud que antes
no estaba. Y al frente, había un caballo pálido y huesudo, sobre el que montaba
un extraño jinete. Los ojos de animal, emitían un brillo inquietante, mientras rascaba
en el asfalto con una de las pezuñas delanteras. El jinete, les observaba con
unos ojos raros y amezantes, duros, enmarcados en un rostro que no era humano,
como el resto de aquellos seres que le rodeaban a pié. El caballo, se levantó
sobre sus cuartos traseros, y relinchó con un sonido estridente y terrible, que
parecía venir de todas las direcciones. Y de repente, todos aquellos extraños
seres rompieron a gritar con unas voces insoportables que taladraban sus oídos.
Aquél ruido, duró
unos cuantos segundos, después se hizo un silencio absoluto. La voz de uno de
los policías, resonó en el callejón.
- ¡¡ Retirada !!,
vámonos, ¡¡ fuera de aquí !!.
Los policías,
empezaron a retroceder. Al principio, lentamente, y unos momentos más tarde,
emprendieron una huida francamente desordenada buscando la salida de aquellos
callejones, atenazados por el pánico. Algunos escudos y porras quedaron
abandonados al deshacerse de ellos sus propietarios para poder correr con más
comodidad.
- Los vecinos,
situados tras la barricada, contemplaron atónitos la inexplicable retirada de
los policías. Ninguno de ellos había visto nada extraño en la calle. Solo la
expresión de pánico de los uniformados, y su enloquecida retirada a la carrera.
Timoteo contempló la estampida policial
desde la esquina. Aquellos hombres estaban fuera de sí. Vio como alguno
tropezaba y caía en su afán de correr más rápidamente. El espectáculo le
recordaba a las carreras de los encierros de San Fermín, aunque allí no había
toros bravos, ni nada que justificase aquella alocada carrera.
- Vaya, Beleth ha
cumplido su palabra.
- ¿ Dudabas acaso
de mí profesionalidad y solvencia ?.- La voz del demonio, a sus espaldas le
sorprendió.
- No, solo me ha
sorprendido lo expeditivo que has sido. ¿ Que les has hecho ?.
- No gran cosa,
solo han tenido una visión de una de mis legiones ante sus narices.- Beleth
soltó una profunda carcajada.- Tendrías que haber visto sus caras.
- Gracias, demonio.
( Continuará )
( Continuará )
jueves, 26 de abril de 2012
EL EVANGELIO SEGÚN TIMOTEO BOFARULL ( III )
CAPITULO 1, ( 3ª PARTE )
La casualidad quiso que el día elegido para
ejecutar los primeros desahucios programados coincidiera con el aniversario de
la fecha de las últimas elecciones municipales. El miércoles veintiocho de mayo
de mil novecientos noventa y seis
Amaneció despejado y con buen tiempo. El calor del ya próximo
verano se insinuaba con una temperatura agradable aún antes de la salida del
sol. Los policías de la compañía
antidisturbios, empezaban a sudar bajo el pesado uniforme. Se desplegaron por
los accesos al barrio, controlando las calles para evitar la entrada de
personas ajenas a él cuando se corriese la voz de que se iban a ejecutar los
mandamientos de desahucio dictados por el juzgado. Esperaban que algo mas tarde de las nueve, apareciese por allí el secretario y los funcionarios del jugado. También esperaban a los obreros de una empresa municipal que debían sacar a la calle los enseres de aquellas casas en las que sus inquilinos no lo hubiesen hecho previamente, agujerear los tejados para inhabilitar las viviendas, y
tapiar puertas y ventanas, a la espera del derribo definitivo.
Timoteo regresó de
sus correrías nocturnas sobre las ocho de la mañana. Aparcó el coche fuera de
la zona, en la calle Sant Adriá. Decidió tomarse un café con leche antes de
meterse en la cama, y recorrió unos metros, hasta la calle Estadella. Entró en
el bar “El Recreo”, también conocido por el mal nombre de “Can Fritangas”, ya
que la cocina de calidad, no era unos de los atractivos de aquél local. Lo
regentaba Matías, otro antiguo legionario, como Timoteo. Un hombre entrado en
la cuarentena, con aspecto algo patibulario y descuidado. Matías no se daba demasiada buena maña
cocinando, y las pocas tapas que servía en aquél lugar, pasaban todas por la freidora, a la que
cambiaba el aceite para las frituras muy de tarde en tarde. La campana extractora de la cocina, también necesitaba una limpieza urgente. Sumado lo uno a lo otro, el penetrante aroma de fritura algo rancia invadía todos los rincones de aquél local. Limpiando, Matías tampoco se esmeraba demasiado, y el local ofrecía un aspecto algo descuidado y sucio. Pero “El Recreo” era
atractivo para la juventud del barrio. Los precios moderados de la bebida, y
las fabulas, las “batallitas” que Matías explicaba sobre su paso por la legión,
atraían a los jovenzuelos de la zona. Una mesa de futbolín completaba el
magnetismo que el local ejercía sobre los muchachos. La ancha acera frente al local, permitía
colocar unas cuantas mesas en el exterior, eso garantizaba el éxito del bar en
las largas noches de verano. Muy a pesar de los vecinos de los pisos situados
sobre el bar, que alguna madrugada, y hartos de griterío, habían remojado algún
vez a los ocupantes de la terraza con el lanzamiento de cubos de agua.
Timoteo no se
sorprendió de encontrar allí a su amigo Antonio Cortés, también conocido como
“el Tato”.
Antonio Cortés,
“el Tato”, era el hijo mayor de un gitano y de una “paya”. Su padre, Ramón, se
dedicaba al negocio de la recogida de chatarra. Se rumoreaba que tenía una
pequeña fortuna, aunque seguía residiendo en la zona y era un hombre de comportamiento
y gustos austeros. Su único lujo conocido era su hijo Antonio, el primogénito.
Tras el, habían nacido tres hermosas niñas, y su esposa, decidió que cuatro
hijos ya eran suficientes. Cuando Antonio regresó del servicio militar, Ramón
le pasó a su hijo la responsabilidad del transporte y las recogidas en la
chatarrería. Antonio amplió el negocio con una sorprendente capacidad de organización.
Pero también amplió su propia capacidad de negocio a otros ámbitos no demasiado
legales.
Timoteo entró en
el bar. Al menos a aquellas horas, el ambiente en el local aún era respirable.
- Buenos días
“Timo”. Haces cara de cansancio, ¿ aún no te has ido a dormir ?.
- Aún no. Vengo de
hacer la ronda de reparto.
- ¿ De colocar esa
birria de hachís mezclado con mierda de gato ?.
- ¿ Que quieres
que haga “Tato” ?. La gente quiere “mandanga” económica. El día que se fumen
alguna cosa sin adulterar, igual acaban ingresados en el hospital con un ataque
de risa incontrolable. ¿ Hace otro café ?.
Mientras Matías
preparaba la ronda de cafés en la cafetera, Timoteo levantó la vista hacia la
estantería de botellas que había tras la barra. Le sorprendió un azulejo de
cerámica que antes no había visto. Tenía una inscripción:
“ Ángel de la guarda
que
guardas los pecadores
aparta de esta casa
a
los malos pagadores “
- Matías,¿ qué
quieres decir con ese rótulo del azulejo
?.
- Na, no
va por vosotros. Pero es que hay gentusa
en este barrio que se cree que yo tengo un banco. Y estoy harto de apuntar consumisiones que naide s´acuerda
después de pagarme. Si es que te dejan argo a debé y ya ni pasan por delante de
la puerta.
- También tienes
algo de razón.- Dijo Antonio.
- Si cobrase too lo que me deben, me podría ir de vacasiones a Marbella un mes por lo menos
- “Timo”, ¿ ya has
visto como está hoy el barrio ?.
- No Antonio, he
aparcado el coche y he entrado aquí a tomarme el café.
- Pues está
rodeado por la policía, la “pasma”. Hoy empiezan con los desalojos. Desde la
madrugada, han situado las furgonetas de los antidisturbios alrededor.
- Ya ni me
acordaba Antonio. Se va a liar un buen follón. Los “anarcos” han estado estos
últimos días preparándose para montar una batalla campal. Me parece que esta
mañana no me van a dejar pegar ojo.
- Ya es una
lástima que echen a esa pobre gente. Dicen por ahí que van a levantar pisos de
lujo en el solar que quede libre cuando derriben todas las casitas. Tú también
estas afectado, “Timo”. ¿ Donde irás
cuando te obliguen a “ahuecar” de la casa ?.
- No tengo ni puta
idea, Antonio. Yo vivo al día, y solo me preocupa lo que pase desde hoy hasta la semana que viene. A partir de ahí,
Dios dirá. Me voy a dormir, a ver si con suerte no hay demasiada escandalera.
- Pásate esta
noche por aquí antes de irte, “Timo”. Estaré con mi nena y echamos unas cervezas
juntos.
- Una solo, que
después tengo que conducir por ahí. Hasta luego.
Timoteo salió del
bar. Cuando alcanzó el límite de la retícula de casitas que conformaban el
barrio, vio que todos los accesos estaban controlados por agentes de la policía
nacional. Al llegar a la entrada de su calle, se encontró con una barrera de
policías equipados con material antidisturbios. Para poder acceder al interior
de la calle, tuvo que identificarse ante los policías con su carnet de
identidad y justificar que vivía allí. No le hizo demasiada gracia.
Veinte metros más
allá de su casa, había un grupo numeroso de personas que ocupaban toda aquella
estrecha calle. Estaban frente a una de las casas afectadas por el desahucio de
aquél día. Era la casa de la Mari. Aún no habían aparecido por allí los
funcionarios del juzgado, pero los ánimos ya estaban exaltados. Observó a
algunos de los componentes del grupo de anarquistas del barrio en aquél grupo.
No se explicaba cómo habían podido sortear el control de la policía nacional,
pero allí estaban. Se habían pertrechado con algunos de los contenedores de
basuras, y parecía que los iban a utilizar como barricadas para cerrar el paso
a los policías. Entró en su casa con el ánimo sombrío.
No se molestó en
levantar la persiana de la ventana. Se tendió en el sofá del minúsculo comedor,
escuchando los sonidos amortiguados de la batalla que se preparaba en la calle.
Cerró los ojos por instante, y cayó en el sopor provocado por el cansancio y la
noche pasada en blanco.
No supo cuanto
tiempo había pasado cuando abrió otra vez los ojos. Seguía escuchándose un
sordo rumor procedente de la calle. Allí, frente a él, en el rincón del comedor, volvía a estar
aquella presencia inquietante.
- Buenos días Timoteo. ¿ Tienes el cuajo de
echarte a dormir mientras echan fuera de sus casas a tus amigos y vecinos ?.
- ¿ Y qué puedo
hacer yo frente a una compañía de antidisturbios ?. Tan solo acabar con la
cabeza reventada y detenido en la comisaria.
- Eso no debería
darte miedo, ya tienes experiencia pisando comisarias como detenido. Quizás de
esa manera, tus vecinos tendrían mejor concepto de un pequeño “chorizo” como
tú.- Timoteo se incorporó en el sofá. La ultima insolencia del demonio, había
tenido el efecto de despejarle la modorra. Se puso en pié y se enfrentó al
demonio. Puso su cara a unos centímetros de aquella alucinación. Miró aquél
rostro inhumano, y lo rozó con los dedos. Notó un tacto suave y solido debajo
de ellos, acompañado de una tremenda sensación de frio. Parecía alguien real.
- ¿ Y tú Beleth ?.
Nada menos que un príncipe de los infiernos. Un jefe militar con mando sobre
ochenta y cinco legiones de demonios.-- Timoteo seguía manteniendo su rostro a escasos milímetros de la cara de Beleth.-- ¡¡ Un diablo todopoderoso, un ángel caído
por ambicionar el saber y el poder de Dios !!, el demonio que regaló el conocimiento
divino a los hombres adiestrándoles en el arte de las matemáticas.- Timoteo
notó la mirada sorprendida de Beleth en aquellos ojos negros como la
noche, casi inescrutables. Un rugido
ronco le respondió.
- ¡¡ Tu !!. ¿ Como
sabes todo eso de mí ?.
- ¡¡ Vaya, el
“chorizo” iletrado te ha sorprendido. Creía que siempre estabas a mi lado,
aunque no te viese cerca de mí. Desde que empezaste a torturarme con tus
apariciones, me he documentado. Tardé unos días. Primero, le pregunté a don
Manuel, el sacerdote de la parroquia. Al escuchar tu nombre, se santiguó
inmediatamente, y salvo decirme que eras un demonio, poco mas pudo explicarme.
Me costó unos días, pero por suerte, conseguí encontrar en una librería de
viejo una traducción al castellano del “Ars Goetia”, una parte del libro que
escribió Salomón acerca de los demonios. No solo eres un demonio, sino uno de
sus siete príncipes. Me han colocado un vigilante infernal de lujo. ¿ Porqué
tu, nada menos ?.- El demonio permaneció en silencio unos instantes. Parpadeó
un instante con aquellos extraños parpados, y tras, aparentemente meditar lo
que iba a decir, habló :
( continuará )
miércoles, 25 de abril de 2012
EL EVANGELIO SEGÜN TIMOTEO BOFARULL ( II )
Capitulo 1 ( 2ª parte )
- No, de momento,
parece que aún no os toca a vosotros. De momento, les ha tocado a la Mari, a
los Heredia, aunque parece que están tranquilos porque se irán a vivir con su
hija. También les ha tocado a los portugueses, que no tienen ni idea de a donde ir.
A la abuela Martina también. A esa mujer, quizás la mate el disgusto. No quiere
marcharse, aunque los de servicios sociales le han buscado una plaza en una
residencia. Pero ella no quiere irse y separarse de sus gatos. A los de las
otra casa, no los conozco demasiado. Es gente que llegó aquí hace poco tiempo
pegando una patada a la puerta.
- ¡¡ Esto es una
cacicada!! , yo no pienso irme a una mierda de piso mal acabado y carísimo en
el Paseo de Santa Coloma. ¿ Para qué, para meterme en una hipoteca a veinte
años ?. Pero si ya tengo cincuenta, y la acabaría de pagar dos días antes de
morirme, ¡¡ coño !!.- Añadió otro vecino también algo maduro, con la voz ronca
de un bebedor de coñac habitual y fumador de dos cajetillas diarias.
- “Timo”, vamos a
hacer todo lo posible para evitar esto.- Añadió García en voz algo más baja.
- García, esto
tiene muy mala solución. Tienen todas las de ganar. Vendrán con un funcionario
judicial, y acompañados por la policía. Poca cosa podremos hacer para evitarlo.
Tapiarán o quizás, derribaran las casas.
- Tenemos que
evitarlo, “Timo”, podemos organizarnos, montar piquetes para impedir que entren
en el barrio, aplazarlo como sea mientras se resuelven los recursos que hemos
puesto a través de los abogados. Los del ateneo libertario también han
prometido ayudarnos, y traer gente de refuerzo.- Timoteo, al escuchar esto
último, dejó escapar un largo suspiro
- García, los del
ateneo “anarco” me inspiran más miedo que un bombardeo. Estos "hippies" se pondrán a
lanzar cocteles molotov contra la policía, e igual nos incendian las casas, eso
sí, con la mejor intención del mundo.
Son toda una pandilla de alborotadores profesionales. En el ultimo “fregado” en
el que estuvieron metidos, aprovecharon para “limpiar” el escaparate de algunas
tiendas en el paseo de Gracia.
- Ya lo sé “Timo”,
¿ pero qué otra cosa podemos hacer ?. Al menos, vender caro nuestro pellejo.
- Habrá que rezar
para que los recursos judiciales que habéis presentado, paralicen esto antes de
quince días, porque si no, estamos jodidos de verdad.
Las últimas
palabras de Timoteo, tuvieron la virtud de hacer un súbito silencio en el
corrillo arremolinado de vecinos en aquella esquina. Súbitamente, solo se
escuchaban los trinos de los pájaros en los arboles, y el rumor del lejano
tráfico en la ronda.
Unas lágrimas
asomaban en los ojos de una de las mujeres del grupo. Su marido, la abrazó
silenciosamente durante unos instantes, intentando transmitirle todo el amor de
años acumulado en su corazón. Cuando se separó de ella, el hombre limpió las lágrimas
de las mejillas de su mujer con sus dedos, y puso sus labios sobre aquellas
mejillas húmedas, besándolas.
- Nadie nos va a
echar de aquí, vida mía. Veras como todo esto se arregla.- No había demasiada
convicción en la voz de aquél hombre maduro, casi un anciano. Tan solo, la
intención de buscar consuelo para su esposa. Pero sin ninguna esperanza.
Timoteo dejó al
grupo en la esquina, y se dirigió hacia su casa. Se sentía algo cansado, a
pesar de ser tan solo el mediodía. Comería alguna cosa ligera, y echaría una
siesta. Aquella tarde, tenía que recoger una partida nueva de hachís en una
nave industrial de Sant Adriá, y enterrarla en el escondite que usaba para
ocultarla en un monte de Montcada. Era la única manera de esquivar un registro
inesperado de la policía, y que le condenasen por tráfico de drogas al
sorprenderlo con una cantidad que superase la habitual para el consumo. Nunca
se sabía quién podía hablar más de la cuenta. No estaba “fichado” como
traficante por la policía, tan solo tenía antecedentes por el asunto del taller
de reparaciones de César, del que había salido sin ser involucrado en aquél
lio. Pero no estaba de más el tomar precauciones.
Entró en la casa, la luz exterior filtrada
por la persiana, dejaba en una suave penumbra la pequeña salita. En aquella
pequeña vivienda de dos habitaciones, cocina y salita comedor, con un pequeño
patio en la zona trasera, había transcurrido la mayor parte de su vida.
Dejó las llaves
sobre la mesilla de la pequeña salita. No le hizo falta volverse. Allí estaba
aquella presencia que aún no sabía cómo clasificar, si como alucinación suya, o
realmente una aparición infernal genuina.
- Buenos días
Beleth.- Dijo casi sin inmutarse.- ¿ Que tal llevas el día ?.
- No tan bien como
tú. Veo que hoy has madrugado para realizar un “trabajito”. Qué raro, tus
clientes suelen ser gente de vida nocturna, no tendrían que levantarse antes de
las tres de la tarde.
Timoteo se volvió
hacia el rincón de la salita de donde procedía aquella extraña voz. Allí
estaba, de pié y apoyando su espalda en las paredes. Su voz era una mezcla de
tonos diferentes, parecía una multitud de voces fundidas en una sola. No era ni
masculina, ni femenina, sino las dos a la vez. Dependiendo de las palabras que
saliesen de aquella garganta, el espectro sonoro variaba considerablemente,
entre un maullido agudo, y un rugido sordo. Su aspecto visible, también
igualaba en extrañeza a la voz que surgía de aquél cuerpo. Un cuerpo con forma
humana, estilizado y alto, casi atlético. Una cabeza de rasgos levemente
humanos, pero difuminados por la ausencia de pelo tanto en el cráneo, como
sobre las cejas. Ni asomo de barba tampoco. Un color de piel que no se
correspondía al de ningún habitante humano del planeta, con el color del cuero
natural oscuro y leves tonos algo más luminosos en los pómulos y en la frente.
Una nariz sutil y aplastada, que
recordaba a la de los felinos. Unos labios finos y de expresión dura. Unos ojos
de color antracita que brillaban en el fondo de unas cuencas hundidas, protegidos
por un hueso frontal algo más prolongado de lo normal sobre ellos. Con un par de parpados adicionales
translucidos que se abrían y cerraban en vertical dependiendo de la luminosidad,
bajo los exteriores horizontales. Todo ello dentro de un cráneo levemente
alargado. Las orejas, inexistentes. En su lugar, unos leves abultamientos que
protegían unos pequeños orificios. Vestía ropa discreta, de tonos grises, y
cubría todo ello con una gabardina de un tono algo más oscuro que le alcanzaba hasta media pierna.
- No todos son
pájaros nocturnos, Beleth. Por cierto, recuérdame que vaya al psiquiatra esta
tarde, al “loquero”, a ver si me da algunas pastillas y dejo de tener el placer
de verte a todas horas.- Había un leve deje de ironía en la voz de Timoteo.
Aquél demonio,
soltó una leve carcajada inquietante. Una risa que habría puesto el vello de
punta a cualquier persona, pero a la que Timoteo ya se había acostumbrado a
pesar de su sonido inquietante.
- No te librarás
de mí con pastillas, Timoteo. No soy ninguna alucinación tuya provocada por tus
excesos al fumarte tu propia “mercancía”. Estoy aquí para averiguar la razón de
que El se ha revelado a alguien como tú, el por qué te ha mostrado su rostro.
- Beleth, ya te he
dicho mil veces que ignoro la razón por la que
El se me apareció. Tan solo sé que le vi, y ni siquiera sé exactamente qué
es lo que vi. Pero estoy seguro de que era Él. Y desde entonces, mi vida ha
sido más complicada.- Timoteo suspiró e hizo una pausa.
-Me hago un millón
de preguntas, que no soy capaz de responderme a mí mismo. Nunca había sido
especialmente religioso, y de hecho, no lo soy. Pero sé que era El. Y ahora me
siento alguien indigno, soy consciente de mi suciedad. – Timoteo hizo otra pausa.
- ¿ Me darás tu
las respuestas a mis preguntas, Beleth?.- La pregunta final, había sonado
socarrona.
- ¿ Por qué querrá algo de ti Él ?, ¿ de alguien como tú,
de un delincuente de poca monta ?.
Timoteo se volvió algo irritado hacia el lugar desde procedía la
voz. Esta vez, aquél demonio se había extralimitado. No vio nada, tan solo la
pared desnuda. Beleth, se había esfumado repentinamente, como había llegado.
Abrió la ventana de la salita que daba a la calle, y levantó la persiana. Un
torrente de luz del mediodía, invadió la habitación. Era la mejor garantía de
que Beleth le dejaría un rato en paz. El demonio no soportaba la luz intensa,
le incomodaba, aunque desde que había empezado a aparecerse hacia unos meses,
en alguna ocasión le había visto soportar directamente el sol del mediodía.
Fue hacia la
cocina. Calentó unos tallarines sobrantes del día anterior, no sentía demasiado
apetito. Una vez acabada la ligera comida, se tendió a dormir una siesta hasta
la hora de encontrarse con sus proveedores marroquíes en aquella nave
industrial.
Algunos días más
tarde, asistió a la reunión convocada en la parroquia del barrio por la
asociación de vecinos. La gente abarrotaba el salón. La reunión fue todo lo
tensa que él esperaba que fuese, a tenor de lo que había venido escuchando por
el barrio aquellos días. La última noticia, era que los recursos presentados
por los vecinos para paralizar los desahucios, habían sido desestimados por el
juez. Aquello duró un par de horas, sin ningún acuerdo, y con amenazas francas
entre los divididos vecinos. También observó la disimulada salida del
representante del patronato aprovechando el follón, como una retirada
disimulada ante el mal cariz que tomaban las discusiones, y el riesgo de que
alguno de aquellos exaltados, le esperase en la calle para partirle la cara.
Aquél tipo era un
burócrata gris de segunda fila, al que sus superiores le habían encargado
vigilar la reunión, y pasarles al día siguiente el informe pertinente.
Definitivamente, aquello tenía mala pinta, el día que se ejecutasen los
desahucios, habría un jaleo bastante serio en aquellas calles.
Timoteo, tras
abandonar la parroquia, se dirigió a su
coche, un BMW M-3 cupé de color rojo,
con dos puertas. Aprovecharía el resto
de la noche para hacer un par de entregas y algún cobro atrasado. Condujo
pensativo hacia el ensanche de Barcelona. Esperaba que su turno en los
desahucios, tardase en llegar. Lo suficiente como para buscarse una vivienda en
algún lugar tranquilo donde pasar desapercibido. Solo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




