No soy de los que cuando eligen un bar, restaurante o local de hostelería, siga las recomendaciones de las redes sociales, ni de las críticas o recomendaciones que hayan puesto en ellas los anteriores clientes o presuntos clientes de ellos.
En primer lugar, porque tenga ya una cierta variedad de locales a los que suelo acudir cuando el bolsillo nos permite darnos un homenaje gastronómico, y también porque suelo fiarme del criterio de mis pocos amiguetes al recomendarme algún lugar nuevo o desconocido.
También he de advertir que en la mesa soy un tipo de gustos bastante sencillos, lejos, muy lejos de las florituras gastronómicas tan en boga últimamente.
Tan solo pido que sea un lugar donde haya honradez en los fogones, tanto en la calidad de la materia prima de los platos sencillos que me zampo, como en su elaboración.
A pesar de lo reacio que soy ante algúnas de las nuevas tecnologías, tengo que reconocer que lo de "Google Maps" incorporado al móvil es un buen servicio para los que nos movemos con alguna frecuencia en lugares poco conocidos. Es impagable el poder echar un vistazo a un mapa con geolocalización instantánea cuando uno está buscando una dirección en una calle o barrios desconocidos.
De vez en cuando, al consultar los mapas, recuerdo con algo de nostalgia aquellas guias urbanas de la Editorial Pámies, que tan útiles me fueron en el pasado, y que ahora son objetos de coleccionismo ( aún conservo la última edición que compré allá por 1.994 ).
Al principio de usar el servicio de Google Maps, me sorprendían las encuestas de la empresa acerca de los locales de hostelería que frecuento, y me aficioné a leer las críticas y comentarios que otros usuarios habían hecho del lugar.
Pura curiosidad, ya digo que muy poco me influyen las opinione ajenas sobre un local que yo conozca previamente. Sencillamente curiosidad y certificar lo ya conocido.
La mayoria de las críticas suelen se equilibradas y respetuosas, algunas resaltando con amabilidad y buenas maneras algún posible fallo o servicio indebido o mejorable.
Pero siempre he constatado que hay algunas que suelen ser demoledoras y catastróficas para la casa. El denominador común en estas crìticas casi insultantes : no se identifica claramente el autor, suele esconderse bajo algún seudónimo mas o menos elaborado. Anonimato total.
Y así, lo que podria ser una encuesta bastante fiable de usuarios, con un uso correcto, se convierte en una sarta de despropósitos y mentiras para los que ya conocemos el local previamente, y en algo inquietante para quien no lo conoce.
Y para el propietario o el administrador del sitio, un auténtico suplicio y un descrédito para su profesionalidad.
El colmo de este juego perverso que hacen algúnos con el prestigio y la respetabilidad ajena ha tenido lugar a principios de esta semana.
Un "supuesto" cliente, hace una crítica en la plataforma de Google, de los servicios de un hotel en Pamplona, ¡¡ que aún no se ha inaugurado !!.
El administrador "colgó" una respuesta cargada de gracia e ironía que reproduzco aquí debajo.
Todo un compendio de fina ironía
No creo que haya sido un error involuntario, mas bien ha sido alguien que se dedica sistematicamente a colocar críticas destructivas en toda encuesta de Google que se le pone por delante No hay mas que situarse unos minutos en la puerta del local, para acceder a la ficha del mismo y colocar el comentario que se desee.
También podría ser cosa de un competidor a quien no le haga ninguna gracia un nuevo hotel en la vecindad, que de todo hay en este mundo.
Otro caso ha sido el de una señora, la cuál se quejaba amargamente en Google de que en un restaurante de una pequeña población se hubiesen negado a servirle un menú infantil a su "chiquitín" de quince años de edad. La respuesta del dueño del local fue directa y sin ambages :
- " Yo, con quince años, ya me almorzaba medio conejo ".
Pués sí, también un servidor, con quince años de edad comia considerablemente mas que en la actualidad.
No se que me produce mas risa, si la franca respuesta del restaurador, o imaginarme al "chiquitín" de quince añitos, zampándose unos macarrones con tomate y equipado con un babero de esos en los que se puede leer : " Come y Calla".
Indudablemente que nos asisten nuestros derechos como consumidores, pero además existe el sentido común, y el sentido del ridículo.
Volviendo al principio, hasta que no se regule por ley el verter injurias e insultos en las redes de forma anónima, compadezco al los que padecen los ataques gratuitos de estos perturbados.
Porque puedo entender al que quiere sacar un provecho material al insultar y desprestigiar a otro. Pero el insulto gratuito, sin ningún beneficio personal, es cosa de imbéciles.
Cuando era un adolescente, y algo mas adelante, existía un término para referirse a alguien que impostaba unos conocimientos que no tenía, o que fantaseaba con un estatus social superior al suyo : "fantasma". Ahora este calificativo ha caído en el desuso.
Era el peor insulto que podían dirigirte en nuestras interminables tertulias juveniles que manteníamos sobre literatura, música o cine : "Anda, largo por ahí, so fantasma, que vas a opinar tu sobre Kúbrick si solo has visto una de sus películas".
Y creo que seria muy adecuado para estos indeseables por una doble razón : mentir y además, mantener oculta su identidad.
Propongo que se celebre un "Día del Orgullo Fantasma" anual, para que puedan emerger de sus rincones y agujeros donde teclean continua y enfermizamente, a la luz de sol, y desfilen todos juntos reivindicando su derecho a la estupidéz.
Aunque sea cubriéndose la cara con unas gafas de sol y la capucha de la sudadera.