El avión presidencial "Air Force One" sobrevuela el extrarradio de
La Habana rumbo al aeropuerto el pasado 21 de Marzo.
Estos dias, a consecuencia de la muerte de un octogenario Fidel Castro hemos podido escuchar todo tipo de opiniones acerca del dictador y de su país.
Para unos un libertador, y para otros un tirano sangriento, por resumirlo con pocas y certeras palabras.
Nunca conocí personalmente a Castro, ni nunca he tenido la oportunidad de visitar la isla y poder juzgar personalmente la situación que atraviesa el país y su gente.
Pero he conocido a cubanos que viven su exilio en España. Uno de ellos era mi ya desaparecido amigo Carlos V. Carlos era un pequeño empresario, un fabricante artesanal ( al principio, treinta años atrás ) de equipos para la depuración de agua, al que conocí por motivos profesionales. Y lo que en principio era una mera relación profesional, derivó con el tiempo en una buena amistad.
Cuando la revolución de Castro triunfó en Cuba, Carlos tenia poco mas de veinte años, y había casi acabado los estudios de ingeniería en la universidad de La Habana ( los concluyó años mas tarde en Estados Unidos ). Y vio con esperanza como la dictadura corrupta y violenta de Fulgencio Batista era barrida por aquellos tipos barbudos vestidos de verde oliva.
Pero en pocos meses, Carlos se sintió defraudado por la negativa de Castro a celebrar elecciones libres, e intuyó que otra dictadura iba a substituir a la anterior, y que el país se iba a sumergir en otra época negra.
Con muchas penalidades consiguió salir de la isla y emigrar a los Estados Unidos, donde concluyó su formación y empezó a trabajar en donde pudo y en lo que pudo.
Con el tiempo acabó afincandose en España ( una española de Barcelona tuvo bastante que ver con esto ) con un par de buenas ideas patentadas en el campo del tratamiento de aguas por medios electrónicos.
Era la anti-tesis de un cubano "fiestero" : abstemio a rajatabla, desconocía lo que era el sabor de un buen habano, y era tremendamente fiel a su esposa. Yo bromeaba, diciendo que el no se había exiliado, ¡¡ lo habían echado a patadas de la isla por ser un pésimo ejemplo para los demás !!.
Una de las imágenes que conservo de él, es verle preparar y enviar un paquete a sus familiares de la isla periódicamente. El contenido de aquellos paquetes no eran gran cosa para mí. Contenían aspirinas, algún antibiótico de amplio espectro, caramelos y golosinas para los críos de la familia, y cosas tan cotidianas para nosotros como pastillas de jabón, pasta de dientes y cepillos dentales.
La primera vez que le ví preparar uno de aquellos envíos, debí poner cara de no entender nada de todo aquello, y su respuesta a mi pregunta silenciosa fué bastante clara y directa :
- Es que no te puedes imaginar como han jodido el país aquellos "huevones". Allí no hay "ná" de "ná" de todo esto. Ni siquiera en el "mercao" negro. Y si lo hay, ¡¡ te lo "hasen" pagar en dólares y a precios abusivos !!.
Durante años le ví hacer estos envíos casi cada mes. Yo iba a final de mes para cobrar las facturas pendientes, el había acabado de cerrar sus paquetes, y tras pasar por la cercana oficina de Correos, acabamos compartiendo café y conversación en un bar cercano.
No era un tipo especialmente nostálgico de su patria, había encontrado su segundo hogar en Barcelona. Sus hijos habían nacido aquí.
Pero nunca le perdonó a Castro el haberle obligado a emigrar, ni el haber hundido a Cuba en una era de penurias donde costaba mantener la dignidad, y donde disponer de un cepillo de dientes decente a veces era todo un lujo.
Un lugar donde uno no puede conseguir una miserable aspirina para poder soportar a pié derecho y obligado las seis horas de un discurso del comandante en la Plaza de la Revolución, no es un lugar digno de ser la patria de nadie.
Un régimen político que expulsa a los mejores ciudadanos al exílio o los encierra en una prisión por expresar en voz alta su opinión, es una dictadura, digan lo que digan algúnos por aquí, que han convertido a Castro en un icono del siglo veinte.
A todos estos partidarios incondicionales de Castro que tenemos entre nuestros políticos de izquierdas, los enviara a vivir una temporada entre el pueblo cubano.
Sin privilegios, sin tarjetas de crédito, sin divisas y hasta sin teléfono móvil. Sin acceso a las tiendas para turistas. Sobreviviendo con el trabajo y el sueldo en pesos de un cubano medio.
El drama de dictaduras como la de Castro, es que expulsan del país a los mas inteligentes, los mas capaces, y hasta a los mas fuertes. Y solo queda un territorio desolado, una tierra arruinada. Porque el único capital que tienen las patrias, su autentica riqueza, son sus hijos.
Casualmente, hoy hace sesenta años que el yate "Granma" llegó a las costas del Oriente cubano, con un pasaje de algo más de ochenta hombres que iniciaron la revolución.
Que fué la esperanza de muchos, y que acabó devorando a los propios revolucionarios.