miércoles, 14 de marzo de 2012

200 ENTRADAS EN EL "BLOG"




                        Sometimes a prayer will do ( La oración que a veces rezo ) Secret Garden 



- ¡¡ Nene, no se si te has dado cuenta, pero ya has superado las doscientas entradas en el "blog".


- Pues no, Timoteo, ni me había dado cuenta. Estos días andaba ocupado acabando el relato de "Un amanecer más".


- Rodrigo, cada día estas mas despistado, y con peor memoria. Deben ser cosas de la edad. En fin, todos llegaremos a eso en un momento u otro.


- ¿ Que insinúas, profeta de segunda, que me estoy haciendo mayor, o debería decir directamente viejo ?.


- No te pongas susceptible, nene. Pero si yo no te lo hubiese recordado, ni te habrías dado cuenta.


- En fin, Timoteo. Gracias por recordarmelo, no se que haría yo sin un amigo como tú, que mete las narices en todos mis asuntos, que me vacía la nevera, se acaba mi botella de whiskey, y a quien encima tengo que invitar a alguna cerveza. ¿ A ver cuando te "emancipas" de mí,  y te casas con Rosario, o como mínimo, te vas a vivir con ella ?.


- Ya salió el egoísta que llevas dentro. ¿ Quién sino yo te iba a hacer compañía en tu soledad, te iba a aconsejar en las situaciones difíciles, y te inspiraría para escribir todas estas "chorradas" ?.


- ¡¡ De acuerdo !!. Te agradezco que seas mi amigo fiel. Pero haz el favor de darme cincuenta Euros. Mañana toca hacer la compra y rellenar la nevera.


- De acuerdo Rodrigo. ¿ Tienes cambio de quinientos ?.


- Es igual, déjalo, no te molestes. Doscientas entradas, desde Noviembre del dos mil nueve. ¡¡ Como pasa el tiempo !!. Este "blog" nació en una época personal difícil y de cambios para mí.


- Y continuas en una época difícil y de cambios.


- Pues tendremos que acostumbrarnos a vivir y a volar en medio de las turbulencias, Timoteo.


- Venga Nene, reconoce que me aprecias y que no podrías vivir sin mí.


- De acuerdo. Sin ti, me habría muerto de aburrimiento, antes de perder la salud por culpa de los disgustos que me das.


- ¡¡ Seras cabrón, Rodrigo !!.




Doscientas entradas, que sin vuestra amistad, vuestro cariño y vuestros comentarios y visitas, no habrían llegado tal lejos.


                            ¡¡ Gracias por vuestra compañia !!











martes, 13 de marzo de 2012

APOSTILLAS A "UN AMANECER MAS"

                            Sinfonía Nº 40 de Mózart ( Versión de Waldo de los Ríos )




Mi afición a la literatura supongo que nació cuando en el parvulario  aprendí a combinar las primeras letras en mi mente y a desentrañar el significado que se escondía detrás de ellas. Desde entonces, la lectura se convirtió para mí en una pasión, pasando desde los primeros tebeos de Mortadelo y Filemón, a las novelas juveniles de Julio Verne y Emilio Salgari, hasta obras ya mas profundas en las clases de literatura. 


Descubrí a maestros del relato españoles como Pio Baroja, Valle Inclán, Miguel de Unamuno y un largo etcetera que no cabria aquí. Pero también me dio por leer otros tipos de literatura. Isaac Asimov me llevó de paseo por otros sistemas solares. H. P. Lovecraft encogió mi alma con un terror blanco, que insinuaba mas horror del que mostraba. Edgard Alan Poe me llevó también a los abismos del terror y de la locura. En fin, he "picoteado" leyendo bastantes y diversos estilos literarios.


Cualquiera que eche un vistazo a la biblioteca de mi casa, pondría cara de pasmo. Es una mezcla bastante ecléctica de narrativa de los mas diversos autores. Entre las obras hay autenticas joyas de la literatura, y algunos bodrios ilegibles. Narrativa mezclada con libros técnicos, y ensayos históricos que últimamente ganan terreno a todo lo demás. Mi pasión y mi curiosidad por la historia del siglo XX han hecho que últimamente me decante por el ensayo histórico.


Dicen que detrás de todo gran lector, se esconde un escritor aficionado. Y creo que ese es mi caso.


Desde hace unos años, he estado haciendo algún "pinito" en el campo de los relatos cortos. Ensayos que me han sido gratos por las criticas con que han sido acogidos. Cosas humildes en las que he explorado el relato fantástico, el mundo del relato erótico-pornográfico, y el relato histórico.


Siempre me ha fascinado que debe pasar por el pensamiento de álguien que está a punto de morir, y es consciente de ello. De ese planteamiento nació "Un amanecer más". Alguien que ha tenido una vida larga y fructífera, pero también con sombras. Llegados a ese momento, ¿ echaremos en falta lo que no hemos podido realizar, o nos arrepentiremos de algunas cosas que si hemos hecho ?. ¿ Nos arrepentiremos de no haber amado, o acaso de haberlo hecho demasiado ?. ¿ Cambiaríamos algo de nuestra vida, o sencillamente nos habría gustado vivir otra ?. 


 He procurado condensar bastante el relato, para no hacerlo demasiado largo y espeso. Bien desarrollado, podría haber escrito una novela de tres o cuatrocientas páginas. Un paseo por la desgracia, la felicidad y la miseria


Aún me queda bastante camino por recorrer hasta llegar a escribir algo que yo pueda considerar pasable, y bastante que pulir en cuanto al estilo.


Pero me he decidido de una vez por todas, a tomarme en serio el arte de escribir, arrancando con una primera novela, ambientada en la Barcelona de finales de los noventa. Es una vieja idea, un viejo proyecto que estaba durmiendo en el fondo de un cajón de mi escritorio.


Si la obra prospera, os dejaré aquí la primicia de un capitulo completo, para recabar vuestra opinión.


Quisiera agradeceros a todos los que habeis seguido "Un amanecer más" todo el interés que habeis demostrado, y vuestro cariño.


                                                   GRACIAS

lunes, 12 de marzo de 2012

UN AMANECER MAS ( EPILOGO )

                                          You Raise Up ( Tu Me Sostienes ) Secret Garden.


Consuelo cerro la puerta de la inmensa casona de sus padres tras los últimos invitados que se marchaban de allí. Un funerál gaelico tradicional siempre incluía una celebración con comida y bebida en honor al desaparecido. La frenética actividad de los últimos dos días no le había dejado tiempo para prácticamente nada, y había contratado el servicio de comida y bebida con una empresa de catering. Aunque alguno de los amigos y vecinos habían contribuido aportando alguna vianda preparada por ellos, como mandaba la tradición. Retiró los restos del festejo y los llevó a la cocina.


Se puso cómoda con ropa de estar por casa. A pesar de lo avanzado de la hora y del cansancio, no sentía la necesidad de irse a dormir. Había sido un día largo. Lee era católico, aunque no practicante. Eso no fue obstáculo para que la ceremonia religiosa se celebrase en la catedral de la Santísima Trinidad. Tras la solemnidad del oficio, el entierro en el cementerio de Glasvin, en el mausoleo familiar que acogía los restos de su madre, Elke, y de su tio Helmut. la noticia de la muerte de su padre, había corrido como la pólvora por dos continentes. Ella era consciente de la popularidad de Lee en Dublín, pero no tanto de la que tenia fuera de allí. Había llegado gente procedente de Inglaterra, bastantes, y algunos, desde los Estados Unidos. Gente a la que ella no conocía, y de los que no tenia siquiera referencias. Pero para ellos Lee había sido alguien importante en algún momento de sus vidas. Le había impresionado especialmente un anciano inglés, de aire distinguido que se desplazaba en una silla de ruedas, empujada por su hija, una mujer ya madura. Después de presentarse, el anciano caballero le explicó que había sido un antiguo compañero de ala en la RAF con Lee durante el principio de la guerra. Le contó, que Lee, en aquellos días, lo había rescatado tras caer en Francia detrás de las lineas enemigas. No había olvidado aquello a pesar de los años transcurridos, y quería rendirle sus últimos respetos. Ahora que lo pensaba, Lee apenas le había hablado nunca de la época de la guerra, ni de su campaña en Corea.


El entierro en el cementerio, había sido multitudinario. Una nutrida representación de la clase política y del mundo empresarial de Dublin estaba allí. Durante el acto, un par de Spitfires de la RAF, del mismo modelo que había pilotado su padre, posiblemente procedentes de Liverpool, habían realizado un par de pasadas a baja altura, con sus hélices silbantes sobre el camposanto. Era la manera de la fuerza aérea inglesa de despedir a uno de los suyos, uno de los "pocos", según Winston Churchill


A la comida en casa, solo habían asistido los mas íntimos. Amigos, vecinos con lo que mantenían buena relación, y algunos de los directivos de la Star Eire. Durante los últimos años, Lee, de acuerdo con ella, había traspasado la propiedad de la industria a un patronato, una fundación que invertiría los beneficios de la empresa en obra social y en  establecer una escuela de formación profesional para los estudiantes sin recursos del condado. Consuelo había heredado el suficiente dinero de sus padres y de su tio como para poder vivir cómodamente el resto de sus días. Aquella decisión a ella le pareció bien, tan solo se reservó un puesto en la junta rectora de la fundación,  para asegurarse de que el legado de su familia se usase adecuadamente. Aquella decisión, había levantado alguna polémica en el mundillo empresarial de Dublín, y algún exaltado, incluso había tachado a su padre de "comunista".


Le pareció gracioso, ¿ Lee "comunista" ?. Nada mas lejos de ello. Después de su estancia en Corea, Lee despotricaba contra cualquier cosa que oliese a comunismo. 


Cuando puso en marcha el proyecto de la fundación, le dijo a su hija que la raíz de todos los males que había conocido eran por ese orden : la ignorancia, la necesidad y la miseria. Y ella opinaba, que Lee tenia razón. Con aquella fundación, su padre tan solo quería devolverle a aquella tierra la riqueza que ella le había dado a cambio de su trabajo.


A pesar de no tener sueño, el cansancio y las emociones acumuladas del día, habían hecho mella en ella. Se dirigió a la cocina, y sacó de un aparador la botella de whiskey que Lee guardaba allí, y de la que de tarde en tarde, se servia un poco. No era amiga de la bebida, pero se sirvió una ración de licor, pensando que quizás contribuiría a relajarla  un poco. Bebió un sorbo y lo paladeó. Era bastante menos áspero de lo que ella esperaba, aunque en poco tiempo, notó el efecto cálido del alcohol en su estomago. Tenia que reconocer que su padre tenia buen gusto hasta en la bebida. Se dirigió al salón con el vaso en la mano.


En una de las estanterías de la pared, había algunas fotografías enmarcadas con delicados marcos de plata por su madre. En una de ellas, aparecían los dos el día de su boda en Nuremberg. Elke relucía bajo un elegante vestido de raso color marfil. Sonreía mirando a la cámara, con su rostro enmarcado en un cabello rubio muy corto. Un estilo de peinado que había conservado hasta el día de su muerte, y que había adoptado por comodidad en los primeros días de la posguerra. Llevaba entre las manos un ramo de crisantemos, y parecía sinceramente feliz. A su lado y de su brazo, su padre vistiendo el uniforme con los galones de mayor. En el pecho, un pasador mostraba las cintas de las múltiples condecoraciones. En su rostro, una leve sonrisa, pero en sus ojos, un fuego intenso mostraba toda su emoción.


En la otra, su padre aparecía en la cabina de un F-86 Sabre, bajo el luminoso sol de Corea. Estaba tomada al regreso del último combate. Era una de las primeras fotografías comerciales en color, con tonos algo chillones. El vestía el mono verdoso de vuelo, con el chaleco salvavidas amarillo encima, y la maraña de cinturones de seguridad. A su alrededor, relucía el aluminio pulido del fuselaje del avión. Bajo la cabina, los tatuajes de un pasado violento. Una multitud de cruces negras, y cuatro estrellas rojas pintadas. El, sonreía mirando a la cámara, con los ojos fruncidos por la dura luz del sol del mediodía. Parecía cansado. En aquella foto, su padre estaba en la plenitud de su vida. Había sido un hombre guapo, podría bien haberse interpretado a si mismo sin problemas en alguna producción de Hollywood.


Consuelo se sorprendió a si misma hablándole a aquella fotografía.


- Nunca me hablaste mucho de tu vida en las fuerzas aéreas. Estos días, he encontrado  en el ático el baúl con tus uniformes, tus recuerdos y tus diarios de guerra. Empecé a leerlos, ahora puedo entender muchas cosas que desconocía. Ahora entiendo tu expresión de cansancio, y porqué no te gustaba hablar de aquellos tiempos.


Tomó otro trago de licor, notando su calidez bajando por su garganta.


- ¿ Sabes ?, desde la muerte de mamá, había pensado en este día con temor. Nací y crecí protegida por las ramas de dos poderosos arboles, que erais tú y mamá. Y hasta hoy no he sido consciente de quien eras realmente. Tenia miedo de que llegase este día, y sentirme sola es esta inmensa casa. Pero no, esta noche no me siento sola. De alguna manera, me hablas. De alguna manera, sigues conmigo, y lo estarás siempre.


Hizo una pausa 


- Quizás, en unos años, a la gente de esta ciudad, tu recuerdo se les diluya en la memoria, y tan solo seas un nombre en una placa de bronce colocada en el vestíbulo de un edificio. Pero a través de mí, seguirás viviendo.


Apuró el licor, y dejó el vaso encima de la mesa. Abrió un escritorio del salón y sacó de él un dossier con tapas de la universidad. Se estiró en el sofá, y empezó a revisar aquella multitud de páginas.


Eran los resultados de un experimento acabado en los laboratorios un par de semanas atrás. La hospitalización de Lee no le había dejado tiempo de examinarlos con atención y en profundidad. 


Había sucedido algo extraño en aquel test con ratones de laboratorio. Se les había inducido un tumor a dos grupos de animales. A uno de los grupos, se le administró un fármaco experimental, y al otro, se le mantuvo como grupo de control, sin tratamiento. En uno de los ratones del grupo de control, el tumor se había estabilizado y había entrado en regresión espontáneamente, sin ningún tratamiento.


Consuelo contemplaba el alud de datos de analítica y genéticos de aquél animal en aquellas hojas. Allí, escondido en algún lugar, había algo que posiblemente era la clave de aquel pequeño y extraño milagro. Lo encontraría, tardase el tiempo que tardase, pero lo encontraría.


Se quedó dormida en el sofá




                                                                          Fin



domingo, 11 de marzo de 2012

UNA AMANECER MAS ( VIII )

                                                 The Reel ( El Carrete ) Secret Garden

Los dos seguian bailando lentamente en la penumbra de la habitación del hospital.


- Estoy empezando a pensar, que morirme es lo mejor que me ha ocurrido en estos últimos años.


Nuria volvió a reirse con aquella risa cristalina.


- No seas idiota, Jaime. Morirse es desaparecer y dejar de gozar de la vida. Sigue contándome como abandonasteis Estados Unidos. Helmut, ¿ no tenia familia ?.


- No Nuria. Elke, Consuelo y yo eramos su única familia. Helmut era homosexual. Semejante orientación sexual en la Alemania nazi, era una conducta arriesgada. Imagínate, la gestapo, la terrible policía secreta, tenia una unidad dedicada única y exclusivamente a perseguir a los homosexuales para enviarlos a los campos de exterminio. Ocultó su condición en aquella época celosamente, a pesar de que su categoría de científico en los programas secretos le daba un cierto estatus personal. Supongo que aquello agrió su carácter y le hizo volverse una persona sumamente reservada. Ya en Estados Unidos y con la Star en marcha, mantuvo un idilio que duró un cierto tiempo con un trabajador de la empresa. Se enamoró sinceramente de aquél hombre. Llevaban su amor de una forma bastante discreta, sin provocar habladurías ni escándalos. A pesar de la libertad que se respiraba en América, la homosexualidad estaba allí muy mal vista en aquellos años. Un lunes, Helmut no apareció por la fabrica. Me extraño que no avisase de su ausencia. No descolgaba su teléfono, y al mediodía, me acerqué por su casa para ver si le había sucedido algo, o si se encontraba enfermo. No respondía al timbre tampoco. Finalmente, entré con el alma en un puño en la casa,  abriendo con una llave que nos había dejado por si sucedía cualquier contingencia. Me lo encontré tumbado en el sofá del salón, vestido tan solo con un albornoz, y con una soberbia borrachera. Su aspecto era deplorable. La razón : su amante había roto la relación con él y le había abandonado. Tenia una depresión tremenda, y no dejaba de llorar a mares.


- No debió ser un espectáculo agradable encontrarte con el en ese estado.


- La verdad, es que no. Le hice ducharse, o mejor dicho, lo metí en la ducha a empujones. Una vez despejado y sereno, le obligué afeitarse y vestirse, y nos fuimos a almorzar, o casi diría que cenar temprano a la ciudad. El paseo, acabo de asentar su ánimo. Le dije que se tomase unos días de vacaciones, que se marchase de viaje a San Francisco, y que una vez allí, se corriese unas buenas juergas.


- ¿ Y funcionó ?.


- Si. Volvió quince días después, tostado por el sol y de buen humor. Volvía a ser el de siempre, un tipo alegre y bromista. Pero después de aquello, no volví a conocer que mantuviese una relación estable con nadie. Aquella mala experiencia, hizo que desconfiase aún más de los hombres. Se volvió célibe. Por eso quizás, no le costó mas de diez minutos el plantearse marchar de América, aunque por la época en que vendimos la Star, ya era ciudadano norteamericano.




- Y os trasladasteis todos aquí.


- Si. Antes de decidirlo, estuvimos algunas semanas estudiando la zona, buscando una posible ubicación a la nueva fábrica, tratando con las autoridades, y sopesando las condiciones que nos ofrecía el lugár. Hicimos un estudio de la maquinaria que seria necesaria para empezar, de los proveedores que necesitaríamos, y hasta de la disponibilidad de la mano de obra de la zona. No iba a ser difícil, pero resultaría laborioso. Afortunadamente, la venta a Hughes de la antigua Star, nos había reportado una autentica fortuna que nos permitía intentarlo sin miedo a arruinarnos ni a fracasar. Así fue como nació la Star Eire. Dos años después de comenzar las obras de la nueva fábrica, empezamos a exportar nuestros aparatos a media Europa y a América. Con el tiempo, nuestros aparatos fueron ganando en reputación, la Star Eire ha sido la marca de élite europea en electrónica domestica.


- ¿ Encontraste lo que buscabas aquí, Jaime ?.


El sonrió levemente y volvió a mirar a Nuria a los ojos.


- Si. Este es un país generoso, y poblado por gente amable y tranquila, salvo por los jaleos  que hay en los condados del norte. Es curioso que en pleno siglo veinte, aún existan las guerra de religión. Aquí pudimos trabajar en paz, dedicándonos a lo que nos gustaba y sabíamos hacer. Consuelo creció y se hizo mujer aquí. Y es más irlandesa que los propios nativos, aunque con pasaporte norteamericano. Elke, Helmut y yo no tuvimos grandes problemas para adaptarnos al lugár. Ya estábamos en plena madurez y habíamos recorrido medio mundo hasta llegar al lugar que pudimos considerar nuestro hogar. Aquí, echamos definitivamente nuestras raíces, y los tres, cada uno a su manera, encontramos la paz. Envejecimos placidamente.


- ¿ Y Elke y Helmut ?.


- Mi pobre Elke se fue hace unos cuatro años. Fue un infarto repentino. Siempre había tenido una salud de hierro, pero aquello sucedió de repente. Helmut murió en un accidente de tráfico hará unos diez años. En su vejéz, le dió por comprarse un coche deportivo y potente. Creo que nunca acabó de acostumbrarse a conducir por la izquierda. Solo me queda Consuelo, mi adorada Consuelo. Profesora e investigadora de biomedicina en el University College.


- ¿ Ella tiene pareja, familia ?.


- No, Nuria. Creo que algo de mi carácter también se le ha pegado. Y también es terriblemente inteligente, aguda. Y a los hombres les dan miedo las mujeres inteligentes. A pesar de ser una mujer preciosa, aún no ha encontrado nadie que le dure un par de meses sin aburrirla. Tiene demasiado temperamento como para atarse a alguien sacrificando algo de su libertad.


Jaime se separó de Nuria, y se dirgió al sofá, donde Consuelo dormía plácidamente. Ella se había acurrucado en posición fetal. Jaime se inclinó sobre ella. Apartó un mechón rebelde de pelo negro de su hija, y la besó suavemente en la frente. Consuelo se revolvió levemente sin despertarse y emitió un leve runruneo de satisfacción.


- ¿ Sabes, Nuria ?. Solo me preocupa dejarla sola. No echaré en falta nada de lo que dejo atrás, salvo a ella.


- Jaime, es la hora. Tienes que acompañarme.


- Nuria, solo necesito unos minutos más. Quisiera ver amanecer, salir el sol por última vez. Pero tendremos que ir al vestíbulo de la planta. En esta habitación, el ventanal mira al norte.


- Está bien Jaime, pero no habrá un solo minuto más.


Jaime echó una ultima mirada a Consuelo durante unos segundos. Salieron al pasillo y caminaron cogidos de la mano hasta el vestíbulo de la planta. Era quizás la hora mas triste del día en la jornada de un hospital. Con un silencio sepulcral solo roto por el leve ruido de la maquinaria médica. La oficina de enfermería, estaba desierta. Se sentaron los dos juntos en uno de los sofás.
A través de las cristaleras, la oscuridad dominaba aún sobre el mar de Irlanda. Alguna leve luz parpadeante, delataba la presencia lejana de algún barco mar adentro, posiblemente algún pesquero que estaba rematando una noche de trabajo.


- Era mi hora favorita cuando estaba peleando en Inglaterra, Nuria. Era un espectáculo ver las primeras luces sobre la campiña inglesa, con aquél silencio que se hacia al estallar la primera luz.  Hubo otros amaneceres, pero ninguno como aquellos. Nunca sabia si llegaría a ver el siguiente. Hoy, si que tengo la certeza de que este es el último. ¿ Puedo hacerte una pregunta ?.


- Adelante.


- ¿ Que sentido ha tenido todo esto ?. Me refiero a mi vida. Peleé para ganar una guerra y acabar con todas. Pero las guerras no acabaron, se fueron superponiendo unas a otras, y no han cesado aún. Comencé a combatir en los cielos de España, y acabé persiguiendo Migs más allá del río Yalú, sobre los montes de China. ¡¡ Que ironia !!,  mis antiguos aliados rusos, se convirtieron en mis enemigos, e intentaban matarme casi veinte años mas tarde. Y todo aquello, no sirvió de nada. La locura, el horror y la muerte, siguen vivos hoy en día. Las lecciones que aprendimos con sangre, no las supimos transmitir a los que crecieron en la siguiente generación.


- Has tenido una vida plena, Jaime. Sembraste la muerte durante una época, pero también has hecho el bien a mucha mas gente de lo que sabrás nunca.


- ¿ Pero cuál ha sido el sentido último de todo ?.


Ella le volvió a besar suavemente, y le acarició la mejilla.


- ¿ Quieres saberlo realmente ?. El sentido último y mas importante de tu vida, duerme plácidamente en el sofá de tu habitación.


- Consuelo.


- Si, Consuelo, es ella. ¿ No has pensado en que le habría sucedido si tú y Elke no la hubieseis acogido en vuestra vida ?. No habría tenido ni de lejos las mismas oportunidades que vosotros le disteis. No habría podido desarrollar todo su potencial siendo una camarera en un bar de carretera, o una trabajadora en una fábrica de Texas. Tu, no lo verás Jaime, pero dentro de un tiempo, ella encontrará la primera pieza, el primer paso para erradicar definitivamente la enfermedad que te está matando hoy. No será solo merito suyo, pero será ella quien encuentre la primera pista de la solución definitiva.




Se hizo el silencio entre los dos. En el horizonte, se hizo una leve luz pálida, que poco a poco, fue ganado en intensidad y en color dorado. Nuria sujetó la mano de él, y le miró al fondo de sus ojos.


- Es la hora, no tengas miedo, mi amor.


- No lo tendré si estoy a tu lado. Es mi ultimo vuelo. Y tu, me guiarás.


Consuelo se despertó repentinamente de su sueño. Sentía una sensación angustiosa y opresiva. Vió la cama inexplicablemente vacía frente a ella. Nerviosamente, buscó sus zapatos y se los calzó. Una vez en pié, contempló las sondas abandonadas sobre la cama. Echó un vistazo al aseo de la habitación. Vacío, su padre,  no estaba tampoco allí. Salió al pasillo de la planta del hospitál, y se dirigió al office de enfermería. Preguntó a la somnolienta enfermera, si habían trasladado a su padre a otro departamento. La sorprendida enfermera le dijo que no, y acompañó a Consuelo hasta la vacía habitación. Allí, se cercionó de que Consuelo no la engañaba, el anciano, había desaparecido. Las dos sorprendidas mujeres, volvieron al office. Mientras la enfermera intentaba averiguar que había sucedido, Consuelo recorrió el pasillo hasta el vestíbulo de la planta. Lo vio sentado, inmóvil, de espaldas a ella. Cuando rodeó la fila de asientos, y se situó frente a su padre, vio su mirada fija en el horizonte. El sol naciente iluminaba aquel rostro cargado de arrugas que ella tanto amaba. Tenia una expresión de placidez y serenidad, los brazos descansaban cruzados sobre su regazo. Notó que no respiraba.


Fue un misterio para todos como aquél anciano inconsciente y al borde del coma, se había desprendido de todo los auxilios médicos que tenia conectados a su cuerpo, y había llegado hasta allí.




                                                            ( continuara )

miércoles, 7 de marzo de 2012

UN AMANECER MAS ( VII )



- ¿ Que fecha es hoy Nuria ?


- La madrugada del veinticuatro de Junio, Jaime.


- Hoy hace sesenta y un años que nos despedimos por ultima vez, aquella noche en tu portal, mi amor. Toda una vida, y sin embargo, me parece que fue ayer mismo. Aún recuerdo muy bien todo lo que hicimos aquella noche, y aún suenan en mis oídos la música de aquella orquesta, en la verbena de nuestro barrio. Por unas horas, los que estábamos en la fiesta, olvidamos la guerra y sus pesadillas. Bebimos y bailamos hasta casi el amanecer. Fuimos felices, a pesar de las sombras que nos rodeaban.


Jaime-Lee se levantó de la cama. Cogió las manos de Nuria y tiró de ella, para incorporarla.


- Bailemos otra vez un poco, Nuria. Si dejamos volar la imaginación, podremos escuchar la música de aquella orquesta. Y tú, continuas vistiendo ese vestido precioso que llevaste aquella noche.


Ella se levantó, y rodeó con sus brazos el cuello de el. Empezaron amoverse lentamente abrazados. Como por arte de magia, se empezó a escuchar levemente la música de una orquesta, como perdida en la distancia. El la estrechó mas entre sus brazos. Notaba el cuerpo cálido de ella bajo la ligera tela de raso del vestido. Acarició la corta melena de ella, y atrajo su cabeza hacia la suya. La besó larga y tiernamente. Cuando separó sus labios de los de ella, le dijo :


- Discúlpame, pero llevaba algo más de sesenta años deseando hacer esto.


Ella le sonrió con picardia.


- Y yo también lo he estado esperando todo este tiempo, Jaime. Tienes que contarme como es que has llegado a parar aquí, a Dublín.


- Es un poco complicado, pero trataré de explicártelo. Tras la muerte de Michael, desperté a la realidad que me rodeaba en Estados Unidos. Había llegado hasta allí después de pasar todos aquellos años peleando en Europa. Para mi, entonces América era una tierra noble y generosa, que había contribuido a la libertad de Europa con la sangre de sus hijos. ¿ Sabes que tan solo en la Octava Fuerza Aérea tuvimos cien mil bajas entre muertos heridos y desaparecidos ?. Fue un precio terrible. Ya te dije que sentía miedo a establecer amistades profundas con otros pilotos y tripulantes. Nunca sabia si volveríamos a vernos a la hora de la cena. Fuimos a América convencidos de que no existía otro lugar mejor en el mundo. Pero el mundo cambiaba y América también. La guerra fría con la Unión Sovietica, le pasó factura a aquél gran país. La política internacional nos llevó por oscuros caminos y atajos para mantener la pugna con los rusos. El incidente del "Liberty", formaba parte de aquél  inmenso juego, estoy convencido de ello. Aquello no fue una equivocación o un accidente. Pero nunca conseguí averiguar la verdad. Desperté de repente, en un lugar que no reconocía. Metido en una carrera bélica por las teorías geopoliticas de McNamara y de la administración Johnson. No era mi ideal de lo que debería ser América. Volví a sentirme un extraño. Veía la intervención en Vietnam y el sureste de Asia como una intrusión en países ajenos a los que realmente no estábamos ayudando. Me sentía repugnado. 


- Volvías a sentirte un extranjero.


- Si Nuria. Años antes de todo aquello, Howard Hughes había puesto su atención en la Star Radiolectric. Nuestra empresa, era un complemento perfecto para sus industrias de aviación. Periódicamente, recibía alguna llamada de su despacho de abogados para tantearme acerca de una posible venta de la empresa. Hasta entonces, había rechazado de plano la idea de vender la Star. Ganábamos bastante dinero, la cartera de pedidos era abultada, y teníamos  proyectos nuevos en marcha. Pero aquella mañana, en vez de mandar a paseo como en otras ocasiones a los abogados de Hugues, acepté una entrevista con ellos en Dallas. La oferta inicial que hacia Hughes Aerospace, era muy tentadora. Ni la acepté, ni la rechacé. Al día siguiente, decidí hablar con Helmut del asunto, el era mi socio en la propiedad de la empresa.


Los dos seguían bailando lentamente, abrazados y mejilla con mejilla.


- Helmut, un tipo curioso y con personalidad. ¿ No te he hablado mucho de él, verdad ?. Bueno, ya te he contado que era primo de Elke, y un genio de la física y la electrónica. Graduado en el Instituto Kaiser Wilhem de Berlín, la cuna de la física moderna europea. Durante los años de trabajo en Dallas, no perdió el tiempo. Seguía los avances en nuestro campo con interés y curiosidad. Los nuevos componentes que nos facilitaban las industrias auxiliares, los incorporaba rápidamente a los equipos, y ademas, experimentaba con ellos desarrollando ideas e invenciones propias inéditas. También de vez en cuando, le salia el espíritu gamberro en alguno de sus inventos o experimentos. Al laboratorio, en la fabrica se le conocía como la "sección Hollywood", por los curiosos artefactos que de vez en cuando salían de allí. En una ocasión, no dejó un cristal intacto en un kilómetro a la redonda con uno de sus experimentos


¿ Y como lo hizo ?.- Dijo Nuria con una leve risilla.


- Por entonces, empezó a experimentar construyendo amplificadores de sonido de gran potencia, y altavoces también potentes y gigantescos, jugando con sonidos de baja frecuencia. Se empeñó en aplicarlos para derribar un muro de ladrillos que levantaron algunos trabajadores nuestros en uno de los patios traseros de la fábrica. El día del experimento, orientó los altavoces hacia el muro, y descargó un oleada de ruido a baja frecuencia, con toda la fuerza que permitía el amplificador. Y si, el muro tembló, y después, se vino abajo. Helmut sonreía diciendo : "esto demuestra que la leyenda bíblica sobre la caída de los muros de Jericó es cierta".


Jaime se interrumpió en su relato, no podia contener la risa.


- El experimento, había funcionado. Lo malo fue,  que a los diez minutos, apareció por la fábrica la mitad del cuerpo de bomberos de Dallas, seguido de varios coches patrulla de la policía. El estampido sónico, había atronado la zona como una explosión, y habían recibido varios avisos de las industrias de la zona denunciándola. No había quedado un solo cristal integro en toda la area industriál, incluidos los nuestros. Tuvimos que contratar a un par de empresas de cristalería para reponer los destrozados. Pero reirnos, ¡¡ aquel dia Helmut y yo reimos como nunca en todos aquellos años !!. El hizo algunos prototipos de amplificadores y elementos para equipos de sonido Hi-Fi. Por aquél entonces, la electrónica de consumo domestico estaba ganado terreno comercial, y Helmut había tomado buena nota de ello. No había gran diferencia en trabajar con ondas de radio, o de sonido.


- ¿ El estuvo de acuerdo en vender la compañía ?.


- Al día siguiente de la entrevista, salimos los dos juntos a dar una vuelta por la ciudad y almorzar juntos. Era algo que de vez en cuando hacíamos para romper la monotonia del trabajo. Le expliqué lo de la oferta de la Hughes Aerospace. Cuando le dije la cifra que nos ofrecían, puso los ojos en blanco. Y me respondió :


- Con semejante cantidad de dinero, podemos vender la Star y comenzar de cero en el negocio otra vez, y aún nos sobrará bastante dinero. 


- No creo que Howard nos permita hacer semejante jugarreta, Helmut. Pero lo que si creo,es que puedo exprimir más aún la oferta. Si Hughes quiere la Star, le haremos pagar un buen precio. Voy a negociarlo personalmente con él.


- Negociar con alguien así debió ser complicado, ¿ no ?.


- Bueno, mas que complicado, fué pintoresco. Por entonces, Howard Hughes estaba dominado ya por un desorden mental tremendo, algo llamado "trastorno obsesivo compulsivo", aunque eso solo lo supimos después de su muerte. Se había rodeado de mormones para administrar sus negocios, y no residía mas de un mes en un solo lugár, para evitar pagar impuestos. Le dije a sus abogados que estábamos dispuestos a vender la compañía, pero que quería negociar la venta personalmente con su jefe. Me dijeron que eso, era imposible, que el Sr. Hughes no recibía visitas. Ante mi insistencia, hablaron con Hughes. Quedó en recibirme dos días mas tarde en un hotel de Las Vegas


- ¿ En Las Vegas ?. 


- Si, de hecho, el hotel donde se hospedaba era propiedad de una de sus compañias. Me condujeron hasta el ático, Hughes se alojaba en una "suite" que ocupaba media planta. No lo vi en ningún momento. Nos separaba la puerta cerrada de su apartamento. Nos saludamos a voces a través de la puerta interpuesta, y empezamos a negociar la venta con un folio de papel pasado bajo aquella puerta.


- Pues vaya una forma extraña de negociar.


- Sí, Howard Hughes era un genio, pero a aquellas alturas, empezaba a ser un loco rematado. Abrí la ronda pidiendo tres veces más la cantidad que me había ofrecido. Tras dos horas de emborronar folios de papel, llegamos a un acuerdo. Conseguí una mejora de una tercera parte más de su oferta inicial, y un derecho a porcentaje de las futuras ventas de las patentes industriales propiedad de la Star Electric. Dos días después, Helmut y yo teníamos depositado en un banco de negocios la suma total de la venta, mas un adelanto sobre los derechos de patente. Nunca habíamos soñado con tanto dinero. Hughes no perdió nada ni hizo un mal negocio. Su grupo de empresas, se estaba convirtiendo en un monopolio aeroespacial. Podría imponer su ley y sus precios al mismísimo Pentágono. Y Helmut y yo teníamos un plan para volver a empezar de cero al otro lado del Atlántico.


- ¿ Aquí, en Dublín ?.


- Si. Fue un plan que maduramos en poco tiempo. Ya te dije que mantenía mi amistad con algunos irlandeses asentados en Nueva York. Fue a través de ellos como desarrollamos la idea de establecernos aquí. Así nació la "Star Eire".


                                                       ( continuara )

lunes, 5 de marzo de 2012

UN AMANECER MAS ( VI )


                                          
                                    Taking you home. ( llevándote a casa ).  Don Henley 



El canto de aquella ave nocturna seguia invadiendo la habitación del hospital. Jaime-Lee seguía sin poder identificar la especie. Contempló a Nuria en la penumbra de la habitación. Su serena belleza le tenia completamente arrobado.


- ¿ Porque me miras así, cariño mio, que piensas ?.- Dijo ella.


- Siempre había oído hablar del "Angel Exterminador ". Pero nunca imaginé que fuese alguien tan bello como tu. Nunca creí poder tener una muerte tan dulce. Es mucho mas fácil de lo que imaginé nunca.


- Sigues siendo un seductor redomado, cariño mio. Fue lo que me enamoró de ti, Jaime.


Ella le sonrió y le besó levemente.


- Soy muy afortunado. Fuiste mi primer amor, y también eres el último. ¿ Me queda mucho tiempo ?.


- Hasta el fin de la noche, Jaime, y no queda ya demasiado. Sigue contándome, ¿ como adoptasteis a Consuelo ?.


- Pues como todo lo bueno que llegó a mi vida, de una manera trágica. Consuelo estaba casada. Cesar, su marido, era un adicto al alcohol y a las faldas. Un tipo que cuando bebía, y lo hacia casi diariamente, se transformaba en un energúmeno violento. Había perdido varios trabajos por sus problemas con el alcohol, y a instancia de Consuelo, hice que lo empleasen en la Star como mozo de almacén. Eso si, di instrucciones al jefe de personal para que le descontasen del salario todas las ausencias injustificadas, como forma de estimularle para que se tomase en serio su trabajo. No lo conseguí, con suerte, hubo semanas en que trabajó cuatro días.


- ¿ Hablaste personalmente con él sobre sus problemas ?.


- Al principio, sí. Me agradeció efusivamente la oportunidad que le daba, y yo le dije que se lo agradeciese a Rosario. Después, dejé el asunto en manos de Richard, el jefe de personal.




Aquella ave continuaba acompañando a los dos en su conversación. Jaime tenia la impresión de que aquél animal, a su manera, también se estaba despidiendo de él. La mirada de Jaime, se endureció repentinamente.


- Nunca entenderé que pudo ver una mujer como Rosario en aquella piltrafa humana que era César. Ella era una mujer trabajadora, que se hacia respetar y querer. Incluso era una mujer bella, Consuelo ha heredado esa belleza de su madre. La miro ahora, y veo a Rosario, salvo por esos ojos azules celeste que tiene. Aquello sucedió un viernes por la tarde, un par de meses después de que Rosario volviera a trabajár tras el parto. Aquella tarde, yo había vuelto temprano a casa. Me preocupaba Elke, y procuraba pasar con ella todo el tiempo posible. La perdida de Michael, todavia pesaba en el ánimo de los dos. Era una cálida tarde de finales de Octubre, y el aire aún era dulce en el centro de Texas. Al entrar, había echado un vistazo al jardín de la parte delantera de la casa. Hacia falta limpiar algunas hojas caídas, y darle un recorte a la hierba, algo crecida ya. Elke y yo almorzamos juntos, y tras el café, ella decidió ensayar un rato al piano Me alegró que lo hiciese, poco a poco se iba rehaciendo de aquel duro golpe. Otra cosa, era el repertorio que interpretaba. Eran piezas algo sombrías y tristes, como nuestro ánimo. Yo estaba terminando con el jardín a ultima hora de la tarde. Vi que César merodeaba por la acera de enfrente. Era casi la hora en que Rosario acababa su trabajo y se marchaba a casa con la pequeña. Saludé con un gesto de mi cabeza a César, que se mantenía a cierta distancia. Rosario salió empujando el cochecito de bebé donde dormitaba Consuelo. Se despidió de mí, y yo le hice una carantoña a la pequeña dormida. Seguí recogiendo las herramientas que había usado, y guardándolas en el garaje. Empecé a escuchar retazos de una discusión  entre Consuelo y César- El le exigía el dinero de la paga semanal,  que aquél día le habíamos abonado, como todas las semanas. Ella se negaba a dárselo, porque sabia perfectamente que aquella noche lo gastaría todo en bebida y juego. Pensé en intervenir en la discusión, pero siempre he sido pudoroso con la vida intima de los demás. ¡¡ Me equivoqué !!, debería haberlo hecho.


- ¿ Que sucedió ?.


- La discusión fue acalorándose y subiendo en intensidad. Justo cuando me disponía a entrar en casa, escuché un fuerte grito de Rosario. Crucé corriendo el jardín y salí a la calle. César corría calle adelante, huyendo. Rosario estaba apoyada en la cerca de la casa de enfrente. Lentamente, sus piernas cedían sin fuerza, y se sentó en el suelo, aferrándose el pecho con una mano, y sujetando el cochecito de Consuelo con la otra. Unos hilillos de sangre, resbalaban entre sus dedos. Solo pudo decirme una frase con voz débil y entrecortada.


- Ese malvado me ha matado. Por favor señor Lee, cuiden usted y la señora Elke de mi pequeña.


- Los vecinos dijeron que el grito que yo proferí sonó como un rugido por toda la calle. Debió ser así, porque mientras yo sujetaba a Consuelo, Elke apareció en el porche de la casa. Le chillé que llamase a una ambulancia, que aquél desgraciado había malherido a Rosario. La ambulancia tardó un cuarto de hora en llegar. La hemorragia interna, debía de ser tremenda. Rosario perdió el conocimiento allí, sobre la acera. Mi vecino, el doctor Harris, también había salido de su casa al escuchar mis gritos. Atendió a Rosario a mi lado, y se dio cuenta de la gravedad de la herida. El pulso, bajaba de intensidad, y la presión  arterial, también. Cuando por fin llegó la ambulancia, esta se dirigió al Parkland Memorial Hospital, el mas cercano. Subí a la ambulancia acompañando a Rosario. Cuando llegamos al hospital, los médicos no pudieron hacer gran cosa, tan solo certificar la muerte de aquella pobrecita.


- ¿ Y César ?.


- La policía me interrogó en el mismo hospital poco después de la muerte de Rosario. El protocolo de muerte por violencia en urgencias, exigía la intervención policial. Era un viejo conocido de la policía, tenia antecedentes por su afición al juego ilegal y a la bebida. Tras mi declaración, cuando salí del hospital, volví a casa. Me aseguré de que la niña y Elke estuvieran bien. El instinto maternal de Elke, a pesar de sus años, se había reactivado otra vez. También, ella había visto el estado en que Rosario entró en la ambulancia, y tristemente, había imaginado lo peor, como realmente sucedió. Me duché, comí alguna cosa ligera y cogí el coche. Me dirigí al centro de la ciudad, a los locales de los bajos fondos donde suponía que podía encontrar a aquél asesino. Llevaba una pistola automática "Colt 45" bajo la chaqueta, la misma que había llevado durante mis vuelos por media Europa. Nunca la había utilizado contra nadie. Pero aquella noche, estaba dispuesto a utilizarla si hubiese sido necesario.


- ¿ Y fue necesario ?.


- No, Nuria. Me llevó media noche localizar a aquél hijo de puta. Lo encontré en uno de los últimos garitos que me quedaban por registrar. Cuando me vio entrar en el local, se puso muy nervioso y empezó a gritarme. La visión de la automática bajo su nariz, bastó para tranquilizarle. El miserable, aún tenia sobre la mesa el bolso de la pobre Rosario. Hice que el tipo que había detrás de la barra, un hombre con aspecto torvo y patibulario, avisase a la policía, ¡¡ muy a su pesar !!. Saqué a empujones a César al callejón trasero. Guardé la automática en la parte trasera de mi pantalón y le reté. Le dije que si conseguía tumbarme a puñetazos, podría escapar antes de que se presentase allí la policía. A pesar de lo borracho que ya estaba, lo intentó.


- ¿ Y ?.


- Le dí la paliza de su vida. No duró mas allá de cinco minutos. Le golpeé a conciencia donde podía dolerle más. Yo ya había cumplido los cincuenta, pero me mantenía en buena forma. Y César, estaba como una cuba. Descargué varios golpes en su cara, en el hígado, y para rematarlo, un par de ellos en el plexo solar que lo dejaron sin respiración. Cuando llegó la policía, estaba casi inconsciente. Me detuvieron a mí también. Una vez en comisaria, pedí hablar con el inspector que me había tomado declaración en el Parkland Hospital. Le hice saber que el asesino, era el tipo al que yo había apalizado. Una hora mas tarde, una vez comprobado todo, salí de allí en libertad sin cargos. Habían encontrado la navaja en sus bolsillos.  Regresé a casa, y le expliqué todo a Elke. No me avergüenzo de ello, Nuria. Lo haría mil veces.


- ¿ Consuelo no tenia mas familia ?.


- Tan solo la abuela materna, la madre de Rosario. Vivía en Nuevo Laredo, justo al otro lado de la frontera del Río Grande. Por entonces, tenia algo mas de sesenta años, y no se sentía con fuerzas para hacerse cargo de su nieta. Por otro lado, Consuelo, por nacimiento, era norteamericana. Hicimos los trámites con el departamento estatal de servicios sociales, y nos concedieron la adopción de la pequeña. No fue fácil. Nuestra edad, era un obstáculo para la adopción. Tuve que hacer valer mis influencias dentro del aparato estatal, pero lo conseguimos.  Elke y yo rejuvenecimos veinte años con aquella preciosidad en nuestros brazos. Volvíamos a tener una razón para ser felices.




                                          ( continuara )

sábado, 3 de marzo de 2012

UN AMANECER MAS ( V )

  
                                               Yiruma " Kiss the rain" ( Besa la Lluvia )



El canto de un ave nocturna entraba a través de la ventana. Jaime-Lee sonreía plácidamente sumergido en el recuerdo de aquél dia de felicidad casi infinita. Las sombras que le envolvían, se habían vuelto cálidas, protectoras. La presencia de Nuria, le confortaba. ya no sentía dolor ni cansancio. Si tenia que morir, no había mejor forma posible


- Y a partir de aquél momento, empezaron nuestros años mas felices en América.


- Encontraste por fin la paz que buscabas.


- Si, amor mio. Empezó entonces un tiempo en el que lo teníamos todo. Michael crecía a pasos agigantados. Era un niño vital y travieso, buen estudiante. Elke había consolidado su carrera como pianista, y se sentia feliz dando recitales por todo el país e incluso en Europa. A veces, me sentía algo solo durante sus viajes. Pero era un precio muy ligero a cambio de tener a mi lado a una mujer como ella. La "Star Radiolectric" se había convertido en una empresa consolidada en la fabricación de equipos militares.  Ampliamos considerablemente la fábrica original Y Helmut, entre encargo y encargo del departamento de defensa, se había dedicado a diseñar equipos de sonido y aparatos de radio que tuvieron una buena acogida en el mercado por su calidad. Los años, pasaron volando, hasta.....


La voz de Jaime-Lee empezó a quebrarse otra vez.


- ¡¡ Hasta la muerte de Michael  !!.


- Tu hijo, ¿ murió ?.


- Si, a bordo del USS Liberty.


- ¿ Era marino ?.


- Desde muy crío, estaba obsesionado con los barcos y la navegación. Construía autenticas flotas de barcos de papel que el hacia navegar en formación en la bañera de casa. Siempre nos dijo a Elke y a mi que quería ser oficial de la armada. No nos lo tomábamos en serio. Hasta el día en que se graduó en el instituto, y presentó su solicitud de ingreso en la academia naval de Annapolis. Se graduó como teniente, tercero de su promoción, y escogió la rama de electrónica naval. Había crecido prácticamente en la fábrica, y el "tio Helmut", como el lo llamaba le había transmitido una buena parte de sus conocimientos. En 1.967 navegaba en el "USS Liberty", destacado en la sexta flota del Mediterráneo. Era un carguero que la armada había transformado en un barco de "inteligencia electrónica", un buque que espiaba las transmisiones de radio, tanto  comunicaciones, como las señales de radar. Analizaban y grababan cualquier señal de interés que se pudiese captar.


- ¿ Fué un accidente, un naufragio ?.


- Ninguna de las dos cosas, Nuria. ¡¡ Fue un crimen !!. El 8 de Julio, el Liberty navegaba frente a las costas del desierto del Sinaí. Hacia cuatro dias que habia estallado la Guerra de los Seis Días entre árabes e israelíes. El barco estaba en aguas internacionales, escuchando el tráfico de radio de la batalla. Aquella mañana, el Liberty había sido descubierto por aviones de reconocimiento israelíes en patrulla marítima. Parecía que los aviadores habían identificado el barco como un buque de la flota norteamericana. Incluso se acercaron tanto, que los aviadores y los marinos en la cubierta del Liberty intercambiaron saludos. Todo parecía normal. Aquella tarde, una escuadrilla de cazas israelíes con las marcas de identificación borradas, y dos patrulleras, atacaron al buque sin previo aviso. Un torpedo impactó en el barco, y múltiples proyectiles de cañón y ametralladora procedentes de los aviones y las lanchas, barrieron el barco de proa a popa. No pudieron defenderse del aquél ataque, tan solo llevaban a bordo un par de ametralladoras del calibre cincuenta, inútiles ante semejante potencia de fuego recibida. Michael murió solicitando ayuda al "USS Saratoga", un portaaviones que navegaba cerca de allí. Sucedió algo extraño. Tardaron algo más de diez minutos tras el ataque en conseguir comunicarse con el portaaviones, las antenas habían resultado dañadas. Para colmo,  desde Wasingthon, ¡¡ alguien hizo regresar a los primeros aviones que despegaron para auxiliar al Liberty !!. 


Las lagrimas volvían a rodar por las mejillas de Jaime-Lee. Nuria le contemplaba en silencio.


- Cuando por fin llegó la ayuda en forma de aviones, helicópteros y barcos, ya no había gran cosa a hacer. Había treinta y cuatro muertos, y ciento setenta y cuatro heridos entre la tripulación. 


- Ningún padre debería sobrevivir a sus hijos.


-¡¡ Noooo !!. Nunca lo superé, Nuria. Dediqué mucho tiempo y esfuerzo a intentar averiguar que había sucedido  realmente. La explicación oficial que se nos dio, era que los aviadores israelíes habían confundido el barco con un carguero egipcio, ¡¡ tres veces mas pequeño que el Liberty !!. Hablé con algúnos de los compañeros supervivientes de Michael. En el mástil, ondeaba la bandera de las barras y estrellas, y los aviadores de reconocimiento que habían sobrevolado el barco aquella mañana, lo habían identificado correctamente sin duda alguna. También estaba muy claro el nombre "Liberty" en grandes caracteres en la popa, y la pintura gris del casco con el numeral de la armada en la proa.


Jaime-Lee hizo una pausa y respiró a fondo , había dejado de llorar.


- Hubo algo extraño en todo aquello. Al no conseguir averiguar nada, semanas después me planté en el Pentagono, de uniforme y haciéndome recibir por mis antiguos compañeros de las fuerzas aéreas, que en aquéllos momentos, ocupaban el mando. No conseguí gran cosa, pero averigüé quién dio ordenes de regresar a los primeros aviones que despegaron del Saratoga. Fue Robert McNamara, el secretario de defensa.


- ¿ Porqué, amor mio ?.


-Nunca lo supe. Pedí mantener una entrevista personal con él. Y a pesar de mi nombre, de poseer una de las principales industrias de defensa, no se dignó a concedérmela. El embajador de Israél en Wasingthon, viajó hasta Dallas y me presentó personalmente sus disculpas. Me aseguró que su gobierno indemnizaría a los familiares de las victimas. Aquél hombre parecía honda y sinceramente afectado. Le dije que aceptaba sus disculpas, pero que el estado de Israel se podía meter su dinero por donde estaba yo pensando. Aunque yo no podía demostrarlo, siempre creí que aquél ataque fue intencionado, que aquellos días, el ejercito israelí quería ocultar algo, algo que el Liberty estuvo a punto de descubrir de alguna manera.


- ¿ Y tu esposa, Elke, como encajó la muerte de Michael ?.


- Fatal. Michael era su único hijo, habia sido su motivo para sobrevivir al desastre de la guerra, su conexión con su vida anterior, y la recompensa a todos sus sufrimientos. Dejó los recitales durante una larga temporada. Los dos caímos en una fuerte depresión nerviosa. Yo iba a trabajar todos los días, pero me era muy difícil concentrarme en los asuntos del día a día. A veces, me subía al coche y me pasaba todo el día conduciendo sin rumbo fijo. Ella pasaba días enteros sin salir prácticamente de la cama, sin pronunciar palabra. Poco a poco, los dos fuimos sobreponiéndonos a aquella situación, pero sabíamos que nada volvería a ser igual. Fue al final de aquellos meses de oscuridad y de dolor, cuando Consuelo llegó a nuestras vidas, también de una manera trágica. No es hija biológica nuestra, la adoptamos.


- ¿ Como ocurrió ?


- Teníamos una asistenta en casa de origen mejicano, Rosario. Prácticamente llevaba nuestra casa en cuanto a asuntos domésticos, hacia jornada completa desde la mañana al anochecer. Limpiaba y cocinaba para nosotros desde hacia unos siete u ocho años. Elke estaba muy volcada en la música, y cuando no estaba de viaje dando algún concierto, se pasaba los días  ensayando al piano. Yo salia hacia la fabrica de buena mañana, y no regresaba hasta las cinco o las seis de la tarde. Hacia falta alguien que se ocupase de las tareas domesticas, y unos amigos para los que trabajaba nos la recomendaron cuando se mudaron a vivir a California. Debía tener unos treinta años por aquella época. Era una mujer educada,amable y alegre. Muy, muy trabajadora. Se ganó nuestra confianza y nuestro cariño. Michael la adoraba, y ella le correspondía. Trataba a nuestro hijo como si fuese su hermano pequeño. Cuando Michael murió, ella estaba embarazada. Casi pierde a Rosario a causa del disgusto por la muerte de nuestro hijo. Al final, el embarazo llegó a su término, y nació Consuelo, un bebé adorable, con un pelo moreno, negro, y unos grandes ojos con el azul del mediodía. Rosario la bautizó con ese nombre, con la fe de que aquella niña nos ayudaría a superar la perdida de Michael. Cuando se recuperó del parto, unas semanas después, traía con ella a la pequeña.  Elke y yo poco a poco nos ilusionamos con la presencia de aquél bebé en nuestra casa. Con Consuelo, volvió un poco de la luz perdida a nuestra vida. Aquél bebé, nos devolvió a los dos a la época en que nos conocimos en Nuremberg.






                                                            ( continuara )